Tradwives y ultraderecha: la ofensiva contra los derechos de las mexicanas

27/09/2026 04:00
    Discursos que van desde la idealización de la “esposa tradicional” hasta la infiltración de espacios feministas por grupos ultraconservadores ya no son un fenómeno lejano ligado a Trump, Milei o Bolsonaro; ya operan en México, con recursos, estrategia y respaldo en algunos estados del país

    Uno de los movimientos más visibles se llama tradwife (esposa tradicional), un concepto que nació hace unos años en foros antifeministas como The Red Pill en Reddit, aunque su origen ideológico se remonta a los años 1970, con Phyllis Schlafly como una de sus precursoras en la oposición a la Enmienda de Igualdad de Derechos en Estados Unidos. Las tradwives son mujeres que “abrazan las diferencias biológicas entre hombres y mujeres” y defienden los roles de género tradicionales: aceptan quedarse en casa mientras el hombre conserva el poder social y económico.

    Lo que empezó como una estética de TikTok escaló al terreno político. En Estados Unidos, algunas voces cercanas al movimiento ya plantean en foros conservadores un modelo de “voto familiar”, donde el esposo votaría en representación de todo el hogar. En marzo de 2026, ONU Mujeres alertó sobre un “vacío de justicia” cada vez mayor y un rechazo organizado hacia la igualdad de género, en medio de un retroceso democrático a nivel global.

    Cuando la ofensiva aterriza en México

    México ya no es ajeno a esto. Dos episodios de 2026 lo confirman. El primero es judicial: en Aguascalientes, el Congreso local aprobó reducir el plazo legal para interrumpir el embarazo de 12 a solo 6 semanas de gestación, muy por debajo del resto del país. El 6 de enero, la Suprema Corte pospuso sin fecha la discusión del amparo presentado contra esa reducción, dejando la ley restrictiva vigente mientras el caso sigue en el limbo.

    El segundo episodio es discursivo, pero igual de revelador: el 29 de agosto, en un foro con la CEPAL, la propia Secretaría de las Mujeres reconoció que el contexto global favorece el resurgimiento de discursos antiderechos, y señaló directamente al fenómeno tradwife como una amenaza regional. No es una colectiva denunciando desde fuera: es la dependencia federal de género admitiendo, desde adentro, que el fenómeno ya preocupa al Estado mexicano.

    Gisell Santos, integrante de la colectiva feminista Luchadoras, lo resume así: “Cuando hablamos del concepto de esposas tradicionales no solo nos referimos al concepto de manera aislada, sino también a ciertas creencias que sostienen esta narrativa que se vinculan a la extrema derecha, grupos ultraconservadores e incluso al capital. Y hay un matiz local que vale la pena subrayar: con más de la mitad de la población mexicana en condición de clase baja y altos niveles de violencia intrafamiliar, el estilo de vida tradwife es prácticamente inalcanzable para la mayoría de las mexicanas, además de que carga a sus parejas con una presión económica extra.

    Lo que dicen los datos, más allá del discurso

    Estudios muestran algo que el discurso tradwife ignora: las mexicanas ya viven, hoy, una identidad de múltiples roles: mamás, profesionistas, parejas, amigas, que conviven al mismo tiempo, sin jerarquías.

    Hoy contamos con una participación económica del 46 por ciento de las mujeres en México. En donde siete de cada 10 mujeres en el mercado laboral son mamás, desarrollando diferentes roles y actividades en su día a día.

    Además, la maternidad es impulsada para desarrollarse dentro de sus diferentes facetas, siendo un modelo a seguir e impulsando el desarrollo físico, mental y emocional de ellas mismas y sus familias, a través de educación y herramientas.

    Datos de LEXIA sobre representación de género en publicidad muestran el mismo patrón, en otro terreno: las mujeres aparecen en el 44 por ciento de las representaciones en entornos profesionales, pero esa cifra cae a apenas 12 por ciento en entornos domésticos, y en ambos casos persisten los sesgos hacia roles tradicionales. Es el mismo espejo cultural de la paradoja política: inclusión visible por fuera, estereotipo intacto por dentro.

    El ideal de la “esposa tradicional” no es una vuelta a lo natural, sino una simplificación forzada de algo que en la vida real ya es mucho más complejo.

    La pregunta que nos queda

    El debate sobre las tradwives suele reducirse a sí “elegir quedarse en casa” está bien o mal. Pero la pregunta más honesta es otra: ¿qué tan libre es esa elección cuando la promueven estructuras políticas y económicas interesadas en frenar los derechos ya ganados? Y hay una pregunta más cercana, casi de sobremesa: ¿cuántas veces hemos visto este discurso circular en nuestro propio círculo: en un reel que comparte una prima, en un “es que antes las familias eran más felices”, sin detenernos a pensar, ¿de dónde viene y hacia dónde empuja? Esa es, quizás, la pregunta que todas deberíamos hacernos.

    La autora: Paulina Moreno es mercadóloga con maestría en comunicación visual egresada de la Universidad Simón Bolívar y consultora en LEXIA. Ig: @paumore.g