En el operativo en Tapalpa, Jalisco, se incautaron siete armas largas, así como cartuchos, cargadores y lanzacohetes de uso militar de fabricación rusa y bélica. La estimación más conservadora sobre la cantidad de armas de fuego que se trafican de Estados Unidos a México cada año es de 135 mil armas, es decir, 369 armas por día. Esto sugiere que, mientras el operativo contra Oseguera logró la incautación de siete, ese mismo día cruzaron al menos 369 armas ilegales por la frontera norte y que lo mismo pasó el siguiente día, y el siguiente, y el siguiente. Los grupos del crimen organizado en México utilizan cientos de miles de armas compradas en armerías estadounidenses autorizadas, y el 82 por ciento de ellas son confiscadas en entidades mexicanas donde predomina la presencia del Cártel de Sinaloa y del CJNG.
Setenta por ciento de las armas confiscadas en México y sometidas para rastreo en Estados Unidos por la Oficina sobre Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego (ATF) vinieron del vecino país. La mitad del resto venían de un “lugar indeterminado”. Estas cifras son coherentes con el 80 por ciento de armas confiscadas en México desde octubre de 2024 que el Secretario de la Defensa, el General Ricardo Trevilla Trejo, dijo que vinieron de Estados Unidos.
Es cierto que existen otros elementos estructurales e internacionales que sostienen a las organizaciones criminales en México aparte de las armas: el narcotráfico, todavía muy lucrativo; la falta de tratamiento para la adicción o el consumo problemático de narcóticos; el lavado de dinero por muchos medios e instituciones; y la corrupción de actores del Estado en ambos lados de la frontera. Pero las armas en manos de grupos criminales constituyen la base para su poder en muchas de estas esferas. Las armas son el vehículo de la violencia empleada para el control de la plaza, el huachicol, la extorsión, el control de las rutas de migración y de las personas en búsqueda de refugio, y el secuestro. Para disputar los territorios en que se practican estos negocios ilícitos, las armas -especialmente con calibres que no se pueden comprar legalmente en México, pero sí son fácilmente adquiridos en Estados Unidos- son indispensables.
Las armas incautadas en Tapalpa incluían un rifle Barrett calibre .50. Estos rifles pueden disparar con precisión a dos kilómetros de distancia y penetrar blindajes, y se les ha utilizado en México para derribar un helicóptero militar. Son altamente deseados por las organizaciones criminales para disputar territorios con las autoridades y con otros grupos criminales. Y cualquier persona los puede comprar legalmente en 46 estados de Estados Unidos.
Allí, el mercado civil de rifles Barrett calibre .50 es extremadamente pequeño. Barrett, que domina ese mercado civil, fabricó solamente 5 mil 903 rifles calibre .50 en 2023 desde su sede en Tennessee. Por su alcance y poder destructivo, ni siquiera hay muchos lugares donde civiles pueden practicar con el arma. Porque la mitad de estos rifles Barrett fueron vendidos a fuerzas militares y policiales, menos de 3 mil fueron vendidos a civiles, según una persona de la industria de armas familiarizada con las actividades de Barrett con quien hablé.
El Ejército Mexicano reportó que confiscó 140 rifles Barrett calibre .50 en 2025, además de 39 otros rifles de calibre .50. Pero este número representa solamente una porción pequeña de los rifles Barrett traficados por la frontera en un año. Sedena recuperó 10 mil 689 armas en 2025: menos de una de cada 12 de las 135 mil armas de fuego estimadas como traficadas de Estados Unidos a México anualmente. Si el porcentaje de armas Barrett traficadas y confiscadas por el Ejército es el mismo que para las demás armas, entonces mil 768 rifles Barrett habrían sido traficados desde Estados Unidos a México anualmente, más de la mitad de las ventas civiles de Barrett calibre .50.
Una investigación del Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos divulgó que muchas de las municiones para rifles calibre .50 traficadas a México están hechas por la empresa contratada por el Ejército de Estados Unidos en el estado de Misuri. Las municiones son fácilmente compradas sin revisión de antecedentes ni registro de compra.
Aunque las armas traficadas a México se compran en miles de tiendas de armas a lo largo del territorio de Estados Unidos, la fuente de la mayoría de las que se compran para el tráfico transfronterizo está concentrada geográficamente. Las armas confiscadas en México dentro de poco tiempo después de su compra normalmente indican la intención de traficar el arma. De las armas aseguradas en México y sometidas al rastreo, que fueron compradas en Estados Unidos menos de un año antes, 57 por ciento venían de un solo condado en Arizona, alrededor de Phoenix. A su vez, esto sugiere que, si el gobierno de Trump tuviera la voluntad verdadera para cortar el armamento utilizado por los cárteles para su caos, podría enfocar sus esfuerzos en una región pequeña. Una investigación sobre el tráfico de armas a México concluyó que inspecciones más frecuentes a las tiendas con licencia para vender armas reducirían el tráfico: cada advertencia oficial a una armería redujo las armas traficadas de esa tienda en 20 por ciento.
El mes pasado, la ATF anunció que había incautado 4 mil 359 armas de fuego con destino a los cárteles mexicanos desde que Trump asumió la Presidencia en enero del año pasado. Suena como muchas armas, pero representa menos del 3 por ciento del flujo estimado de armas de Estados Unidos a México. Además, según el ex agente de ATF en México, Timothy Sloan, los números de armas incautadas que fueron destinadas a los cárteles están inflados: si una persona es arrestada con armas y es una de las 37 millones de personas en Estados Unidos con origen mexicano, se la cuenta como un caso de tráfico a los cárteles, dijo Sloan.
Una propuesta legislativa en Washington, si fuera apoyada e implementada, iniciaría un cambio en ese mercado: el Acta para Dejar de Armar a los Cárteles (Stop Arming Cartels Act) pondría una prohibición a la venta comercial de armas calibre .50 a civiles en Estados Unidos. Es una medida obvia, pero sólo cuenta con el apoyo de 27 de 435 congresistas en la Cámara de Representantes y 17 de 100 senadores.
Mientras dura el gobierno de Donald Trump, sin embargo, no se puede confiar en las acciones de Washington para confrontar el tráfico transfronterizo de armas. ¿Qué más puede hacer México frente a esta estructura del tráfico de armas? Aunque su demanda histórica en una corte federal en Boston contra ocho empresas fabricantes de armas fue desechada por la Corte Suprema el año pasado, México mantiene una demanda contra cinco armerías comerciales en Arizona. Esta demanda sigue en pie y no se ve afectada por el fallo de la Corte sobre la responsabilidad de las empresas fabricantes. El gobierno de Claudia Sheinbaum debe insistir en esa demanda contra tiendas de armas en Arizona.
México también tiene una oportunidad extraordinaria para incentivar cambios en el mercado interno de armas en Estados Unidos. Este mes, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una opinión consultiva sobre las obligaciones de las empresas de la industria de armas de practicar la debida diligencia en la venta del armamento, identificar riesgos de desvío al mercado ilícito y adoptar medidas para evitar ese desvío.
Las empresas de armas estadounidenses se benefician no sólo de la violencia armada en México generada por sus propias armas traficadas, sino también de la violencia con armas exportadas a Canadá. Con un mercado de armas más restringido que el de Estados Unidos, Canadá es el segundo país con armas ilícitas rastreadas a Estados Unidos, después de México. El mercado de armas permisivo en Estados Unidos representa un subsidio a la industria armamentista, un punto que México puede plantear en las negociaciones del TMEC que están por iniciar.
Pero México también puede actuar sin un acuerdo trinacional ni binacional, sino desde sus propias decisiones de comercio. Las empresas que legalmente exportan armas a México también venden armas a través de tiendas minoristas en Arizona y Texas, donde se compran para traficarlas por la frontera a México. Unas pocas tiendas son la fuente de gran parte de las armas vendidas con destino a los cárteles. Las empresas fabricantes pueden excluir esas tiendas de la venta de las armas que producen.
México constituye el importador más importante de armas de fuego estadounidenses en América Latina y, para algunos tipos de armas, en el mundo. Para los rifles militares Barrett en Tennessee, México representa 25 por ciento de la exportación mundial de esas armas entre 2020 y 2025. Solamente en 2024, México importó 547 rifles Barrett calibre .50, a un costo de 4.2 millones de dólares. Entre 2020 y abril de 2025, México compró más de tres veces el monto de armas militares de Sig Sauer que el resto de América Latina y el Caribe combinado. México representa el 24.3 por ciento del mercado global de armas militares exportadas por Sig Sauer entre 2020 y 2025, y 49 por ciento de las armas militares de Colt exportadas a América Latina y el Caribe en el mismo periodo.
Con una cuota tan grande del mercado de exportación de armas, México tiene un poder de negociación significativo, un apalancamiento que se puede utilizar para exigir medidas de debida diligencia a las empresas exportadoras, como requisito previo para importar sus armas. Sería un incentivo poderoso para reducir las ventas de armas a traficantes.
La Presidenta tiene razón en que Estados Unidos debe actuar contra el flujo de armas al sur. Pero también es cierto que México tiene cartas para jugar y puede utilizarlas para presionar y obtener esas acciones.
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El autor es John Lindsay-Poland, investigador, activista y autor. Coordina Stop US Arms to Mexico (Alto de las Armas de Estados Unidos a México), un proyecto de Global Exchange y miembro de la alianza Desarmando el Miedo.