Trazos de pacificación en Mazatlán
La Marina, última apuesta en el sur
A la llegada el sábado de mil 700 elementos de la Secretaría de Marina para reforzar los operativos contra la violencia en Mazatlán le correspondió de manera simultánea el operativo de las fuerzas armadas y corporaciones policiacas que logró la detención de 28 presuntos delincuentes en la zona rural de la Sindicatura de El Roble, tratándose ambas cosas del mayor golpe asestado al crimen y de una especie de salvavidas arrojado al destino de playa cuando la marea roja de la narcoguerra le llega al cuello.
El despliegue de marinos llega en contrasentido del discurso que han mantenido las autoridades locales al repetir como disco rayado que la seguridad pública está garantizada en Mazatlán, e inclusive atreverse a clasificar con saldo blanco la actual temporada vacacional de verano, con corte al 5 de agosto. Esa falta de tacto declarativo o dificultad para guardar silencio pasó por alto los 36 homicidios dolosos de julio y los 15 de la primera semana de agosto que si bien es cierto no ocurrieron en la zona turística sí fueron perpetrados dentro del casco urbano.
El apremio de las instituciones por dar mejores resultados en seguridad pública, como los presentados el fin de semana, debe concordar con la desesperación de la gente pacífica debido al hartazgo que causa la violencia en su avance hacia dos años constante y atemorizante. La estrategia de permitir que los resultados hablen y los servidores públicos adopten adecuados márgenes de cautela son condiciones fundamentales en la consecución de paz.
Es decir, en caso de que los secretarios de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y de Marina, Almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, hubieran hecho suyo el informe de Mazatlán como paraíso de apacibilidad y legalidad, entonces ninguna razón habría para destacamentar al gran número de efectivos navales. Hicieron la lectura adecuada: no es necesario que las balas rocen a los turistas para deducir que el peligro es también para éstos.
Por fortuna, el arribo de los efectivos de Marina fue secundado por el operativo en la Sindicatura de El Roble, municipio de Mazatlán, que detuvo a 28 personas presuntas generadoras de violencia y les aseguró el enorme arsenal de 15 armas largas, 94 cargadores, 3 mil cartuchos útiles y ocho chalecos con 16 placas balísticas. Véase como se vea, esto abona bastante a que la gente adquiera confianza respecto a las labores de pacificación de Sinaloa.
También se trata de un apoyo federal que llega tarde. Sin ánimo de ponerle plazos a la atención de acontecimientos que esparcen terror y frustración en Sinaloa, cada vez que desembarcan militares, guardias nacionales y policías federales habrá el reclamo del retraso en la operación anticrimen con sustento en la dolorosa suma de las vidas sacrificadas, los hogares en los cuales la fuerza delictiva se llevó a uno o más de los suyos, y la afectación que las armas de los maleantes causan al patrimonio de familias y actividades económicas.
Ojalá que estas acciones contra el hampa adquieran un efecto irradiador hacia los municipios de Concordia, Escuinapa y Concordia en los cuales se ha concentrado en las semanas recientes la disputa entre facciones del narco por el control de territorios. El sur se ha convertido en la joya de la corona para las organizaciones criminales que chocan a partir de que Ismael Zambada García, jefe del Cártel de Sinaloa, fue llevado con engaños a un lugar de Culiacán donde lo secuestraron para llevarlo a la fuerza a Estados Unidos donde la justicia lo sentenció a cadena perpetua.
En síntesis, la apuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por más marinos para restablecer la Ley y el orden en Mazatlán, contrasta con la idea de generales y jefes policiacos que creen que mientras los crímenes no ocurran en la franja turística que abarca de El Faro a Cerritos, entonces la Perla del Pacífico goza de paz aceptable. O viceversa, si los asesinatos se registran en el malecón ¿en nada afectan al resto de perímetro citadino?
Con estos “mínimos” ajustes que dejen atrás el método separatista en materia de incidencia delictiva y en cambio fortalezcan los logros en beneficio de la tranquilidad de la sociedad, no es descartable que Mazatlán y el sur transmuten a la percepción de calma y amparo aportadas por las instituciones de seguridad pública.
Y allí sí hay que ponernos las pilas todos en la lógica de reconocer que así se trate de una sola vida humana la que es rescatada de la atroz narcoguerra, indistintamente de si es lugareño o visitante, las instancias de salvaguarda de la integridad física y patrimonial de los sinaloenses activaron a tiempo y en sincronía los engranajes de la maquinaría pública para la pacificación, tal como ocurrió el sábado.
Nadie entiende la indolencia,
De acudir a falsas aristas,
Si son víctimas de la violencia,
Sean mazatlecos o turistas.
Y en Los Mochis, que se supone es territorio ajeno a la narcoguerra, la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Estado reportó el domingo el ataque a elementos de la Guardia Nacional por parte de un grupo de civiles armados. El resultado consistente en la detención de ocho de los agresores también le aporta a la esperanza de retomar a Sinaloa como lugar para vivirlo, nunca más para temerle o coexistir sintiendo la sensación del arma en la sien de cada ciudadano que ni la debe ni la teme. ¿Alguien que reconozca estos aciertos poniendo en pausa el negativismo que le es intrínseco a barbaries como la que inició el 9 de septiembre de 2024?