Este Mundial es diferente por muchas cosas, es el tercer Mundial en donde seremos anfitriones, bueno, medio anfitriones. 107 partidos, de los cuales 72 se jugarán en Estados Unidos, 13 en México (cinco en CDMX, cuatro en Guadalajara y cuatro en Monterrey), 13 en Canadá (siete en Vancouver y seis en Toronto).
El Mundial de “Norteamérica” es una concesión de la FIFA a Estados Unidos, después de que el FBI descubriera en 2015 una serie de sobornos, fraudes y lavado de dinero en el órgano máximo de dirección del Fútbol federado en el mundo. Así también en la asignación de anteriores sedes de mundiales.
En 2017, la FIFA anunció que se ampliaría el número de espacios para la participación de selecciones mundialistas, de 32 a 48 equipos para celebrar la Copa del Mundo de 2026. En ese marco, y en la “recompensa” por el mencionado “FIFA Gate”, la sede ideal sería para Estados Unidos, pero una negociación de alto nivel declaró en Zúrich que la vigésima tercera: “Le Coupe du Monde de la FIFA ets Canada, États-Unis a Mexique”, la anfitrionía sería compartida, -no por primera vez, porque en 2022 fue entre Corea del Sur y Japón- por tres países vecinos, los mismos que tienen uno de los tratados comerciales más sólidos, y representan uno de los bloques económicos regionales más fuertes del mundo.
Tres países, tres formas distintas de entender y vivir el futbol. Estados Unidos comienza a dar las notas internacionales por las estrictas medidas de seguridad y el endurecimiento de su política migratoria, incluso para “invitados” al Mundial. Omar Artan, de nacionalidad somalí, tendría participación como árbitro en partidos a disputarse en territorio norteamericano. El sábado pasado llegó a Miami, donde fue detenido por agentes de migración, interrogado por más de once horas, para después ser deportado vía Estambul.
Este ambiente de persecución se vive en varias ciudades norteamericanas que serán sede de encuentros entre países latinoamericanos, africanos o asiáticos. No se descarta la participación de agentes del Servicio de Control y Aduanas conocido como “ICE” en redadas cercanas a los estadios. Y si bien esa es la cara que presenta uno de los países anfitriones, otro rostro se dibuja en la cálida recepción que nuestra República Mexicana ofrece a los países invitados.
Nuestro país demostró ser una generosa anfitriona al recibir a la selección de Irán en la ciudad fronteriza de Tijuana. La Federación de Fútbol de la nación árabe, decidió instalar su campamento de concentración en Baja California, después de varios desencuentros con autoridades vecinas. “Los buenos amigos se conocen en los momentos difíciles; si nuestro país no hubiera contado con el apoyo de México, podríamos no haber participado en este mundial”, dijo Abolfazl Pasandideh, embajador iraní en territorio nacional.
Gratitud también mostró la selección española, una de las favoritas para quedarse con el trofeo 2026. En su último partido de preparación en Puebla, fueron recibidos en un ambiente de fiesta y camaradería, zanjando en lo deportivo, las absurdas discusiones políticas por los rancios asuntos de la conquista y “el perdón histórico” que algunos trasnochados le han pedido a la Corona.
Canadá, por su parte, enfrenta el desaire del público en una Copa que no terminó de vender todas las butacas de sus estadios. Mientras México reporta la venta total de los boletos e incluso quejas por reventas, el país de la hoja de maple anuncia miles de boletos libres para partidos en donde la localía parece no importar. Hay más de 5 mil boletos disponibles para los encuentros de Canadá contra Bosnia -que se juega hoy- en Toronto, y para el de Nueva Zelanda vs Egipto que se jugará el lunes 21 en Vancouver.
Tres países, un Mundial. Tres formas distintas de vivir la pasión de este deporte enigmático al que Jorge Valdano lo describió como: “un gran simulador de la vida misma”, un juego que une naciones y enfrenta opiniones, pero que es “puro y natural” porque todo se ensucia menos la pelota, esa “no se mancha” dijo el icónico Diego Armando Maradona, quien asume que aun con sus errores y horrores, el deporte que se juega con los pies, es también algo que se lleva en el corazón. Sea como sea, es un mundial que mis hijos y yo disfrutaremos mucho, igualmente espero que lo disfruten ustedes con sus seres queridos. Luego le seguimos.