Un 10 de Mayo desde la ausencia: las madres que no celebran

09/05/2026 04:01
    Miles de madres en México viven el 10 de Mayo desde la ausencia de sus hijas e hijos desaparecidos, encarcelados injustamente o víctimas de violencia e impunidad. Ante la falta de respuestas del Estado, muchas se han convertido en activistas y defensoras de derechos humanos, encabezando búsquedas, investigaciones y exigencias de justicia.

    El Día de las Madres es, para muchas, una jornada de celebración, reconocimiento y afecto. Sin embargo, para cientos de miles de madres en el País, esta fecha encarna una profunda contradicción: mientras unas reciben flores y festejos, ellas enfrentan la ausencia de sus hijas e hijos y la indiferencia de un sistema que les ha fallado.

    En México hay madres que no tienen nada que celebrar. Madres cuyos hijos e hijas han sido víctimas del sistema de justicia, sometidos a años de prisión injusta tras procesos marcados por detenciones ilegales, tortura y fabricación de delitos. Madres que buscan día tras día a sus familiares desaparecidos, arrebatados por la violencia que involucra tanto a grupos criminales como a agentes del Estado.

    Para ellas, el 10 de Mayo no es un día de festejo, sino de memoria, exigencia y lucha.

    Estas madres representan ejemplos de dignidad y perseverancia en medio de un contexto de impunidad estructural y de una sociedad muchas veces silenciada frente a la violencia cotidiana. Sin haberlo elegido, se han convertido en activistas, peritas, abogadas, investigadoras y defensoras de derechos humanos.

    Han impulsado la creación de colectivos, sostenido redes de apoyo y construido caminos de búsqueda y justicia no solo para sus propios casos, sino también para muchas otras familias. Su lucha ha sido clave para visibilizar violaciones graves a derechos humanos que durante años han permanecido ocultas, así como para reconstruir el tejido social en territorios profundamente afectados por la violencia y el abandono institucional.

    Historias atravesadas por la búsqueda

    Casos como el de la señora Rosita Mora dan cuenta de esta realidad. Desde hace casi 24 años ha luchado por el reconocimiento de inocencia y la libertad de su hijo, Jorge Hernández, quien fue víctima de detención arbitraria, tortura y fabricación ilícita de pruebas por parte de autoridades de Tlaxcala en 2002.

    A pesar de que el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU emitió una opinión en la que ordena al Estado mexicano su liberación inmediata, dicha resolución sigue sin cumplirse. No obstante, este avance ha sido posible gracias a la persistencia de su madre y de otras familias que, frente a la inacción estatal, han sostenido la demanda de verdad y justicia.

    También está el caso de Aracely Rodríguez Nava, madre del policía federal Luis Ángel León Rodríguez, desaparecido en 2009 durante una comisión de trabajo junto con otros cinco agentes y un civil en el estado de Michoacán.

    Desde entonces, Aracely no ha cesado en la búsqueda de su hijo ni en la exigencia de justicia. El pasado 29 de abril, el Estado mexicano reconoció su responsabilidad en este caso y ofreció una disculpa pública. Sin embargo, la lucha por conocer el paradero de su hijo y de las otras víctimas sigue pendiente.

    Asimismo, es imprescindible nombrar a María Herrera Magdaleno, conocida como “Doña Mary”, quien busca a sus cuatro hijos desaparecidos entre 2008 y 2010 en Guerrero y Veracruz.

    Su historia ha marcado a miles de familias en el País, convirtiéndola en un referente de la lucha de las madres buscadoras. Su labor fue reconocida internacionalmente al ser incluida entre las 100 personas más influyentes de 2023 por la revista TIME.

    No obstante, este reconocimiento contrasta con la persistente impunidad y falta de verdad en su caso.

    Una lucha que también cuesta la vida

    A estas historias se suman las de madres que han sido asesinadas o desaparecidas por exigir justicia. Mujeres que, en su búsqueda, han enfrentado amenazas, violencia y la ausencia de protección por parte del Estado.

    Desde 2010, más de 35 personas buscadoras han sido asesinadas o desaparecidas en México, muchas sin haber encontrado a sus hijas e hijos.

    Algunas de estas madres son Marisela Escobedo, Miriam Rodríguez, Esmeralda Gallardo, Teresa Magueyal, Lorenza Cano, Sandra Hernández, Rosario Zavala, Rosario Rodríguez, Ana Luisa Garduño, Carmela Vázquez, Esmeralda Gallardo, Griselda Arma, Teresa González, Sofía Raygoza y muchas más, cuyos nombres deben ser recordados como símbolo de una lucha que no debería costarles la vida.

    Es importante subrayar que estas mujeres no eligieron ser defensoras de derechos humanos. Tampoco eligieron convertirse en buscadoras ni en activistas. Fue la violencia, la ausencia de sus seres queridos, la falta de investigaciones diligentes y los múltiples obstáculos institucionales los que las empujaron a ocupar ese lugar.

    Sus vidas han sido atravesadas y, en muchos casos, profundamente interrumpidas por la espera: la de encontrar a sus hijas e hijos, de verlos regresar a casa o de que finalmente se haga justicia.

    La resistencia como esperanza

    Y, sin embargo, en medio de esa realidad, su lucha también ha sido una fuente de transformación. En cada búsqueda, en cada marcha y en cada exigencia, estas madres han construido caminos hacia un mundo más justo; uno que a ellas les ha sido negado, pero que siguen reclamando para todas las personas.

    Nombrarlas, escucharlas y acompañarlas es una deuda colectiva. En un país donde la violencia y la impunidad persisten, su voz es también una forma de esperanza y resistencia.

    La autora es Natalia Pérez Cordero, investigadora en el programa de Derechos Humanos y Lucha contra la Impunidad de @FundarMexico.