Una brisa de humanismo

ÉTHOS
16/01/2026 04:00
    El mundo contemporáneo requiere urgentemente una transfusión vital de humanismo, que se convierta en suave brisa para refrescar la inaplazable sed de paz y amistad, además de apagar los bélicos fuegos de violencia que convulsionan todos los confines del globo terráqueo.

    El título de esta columna refleja una exigente y actual necesidad: el mundo contemporáneo requiere urgentemente una transfusión vital de humanismo, que se convierta en suave brisa para refrescar la inaplazable sed de paz y amistad, además de apagar los bélicos fuegos de violencia que convulsionan todos los confines del globo terráqueo.

    Esta urgencia me la hizo presente un gentil, afectuoso e inmerecido comentario de un querido y grande amigo: Sergio Orozco Aceves, quien escribió el siguiente texto:

    “Muy estimado Rodolfo: Al leer tu cotidiana columna Ethos, recibo una refrescante brisa de humanismo, reflexión y aprendizaje. El estilo de mi padre y Nunca es tarde son un justo reconocimiento a don Francisco Gil Leyva, genial y agudo escritor, y un generoso amigo a quien recuerdo con gratitud y admiración. También mencionas a sus dos destacados alumnos Rubén Elías y Juan de Dios, a quienes estimo y aprecio. Cuando leo tu columna, empiezo bien el día. Gracias. Sergio”.

    Reitero que es inmerecido este elogio, pero aprovecho la recta -como se dice en el argot beisbolístico- para reflexionar en la frase “refrescante brisa de humanismo”, que me recordó un pasaje del primer Libro de los Reyes (19,11-13), donde el profeta Elías experimentó la presencia de Dios en una suave brisa, que había sido precedida por un fuerte viento, un terrible terremoto y un voraz fuego. Sin embargo, Dios no se manifestó en la potencia o estridencia, sino en la frescura y suavidad de la brisa. Este texto también se cumplió en otra frase del Nuevo Testamento, expresada por Pablo: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12,10).

    Al mundo, como escribió Sergio Orozco, le urge regirse por el enfoque y los principios del más sano humanismo. Al menos, con una refrescante brisa.

    ¿Privilegio el humanismo?