Con el título de esta columna definió a toda guerra el Papa Francisco, en el segundo capítulo de su autobiografía, la cual retomamos. No se cansó de repetir la pregunta sobre “¿qué deja una guerra?”. Y volvió a responder: “Por norma, los gérmenes para un nuevo conflicto, para otra violencia, para otros errores y horrores... No existe la guerra inteligente: la guerra sólo sabe causar miseria; las armas, únicamente muerte. La guerra es idiota”.
Además de considerar las guerras una inútil masacre, el Papa Francisco señaló que las dos guerras mundiales son un doloroso tesoro: “Por eso sé que es muy importante que los jóvenes conozcan los efectos de las guerras mundiales del siglo pasado; esa memoria es un tesoro, doloroso, pero sumamente útil para crear conciencias”.
En este cometido de crear conciencia, se refirió al cine del neorrealismo italiano que supo hacer reflexionar sobre la vida, a través de las proyecciones de sus directores: Rossellini, De Sica, Visconti, Fellini.
Se detuvo, incluso, a comentar algunas de esas películas, como “Los niños nos miran”, de De Sica, la cual, señaló: “tendría que verse en los cursos prematrimoniales todavía hoy, y yo hablo de ella en las bodas que celebro. Y hay escenas de Roma, ciudad abierta de las que conservo un recuerdo imborrable”.
De Fellini recordó “La dolce vita” y “La strada”, la cual vio cuando tenía 18 años. De este último filme, citó unas palabras que dirige Anthony Quinn (Zampanó) a Giulietta Masina (Gelsomina): “Dios, que lo sabe todo: cuándo naces, cuándo mueres. Yo no sé para qué sirve esta piedra, pero para algo tiene que servir. Porque, si es inútil, entonces todo es inútil: también las estrellas. Y también tú, tú también sirves para algo, con lo tonta que eres”.
¿Aborrezco estas masacres?