Como si el Gobierno federal no tuviera algo mejor que hacer, ya se prepara una nueva reforma electoral. Esta semana circuló lo que parece ser un borrador de dicha reforma y, aunque no es definitivo, puede ser un indicio de lo que viene.
El principal argumento es el “ahorro” en las elecciones. Se habla de una reducción del 25 por ciento al financiamiento ordinario de los partidos.
Pero ojo con esto: si se asigna más dinero a los partidos que obtengan más votos, ¿esto hará más viable que los partidos pequeños ganen... o más difícil? Y, por el contrario, ¿el partido que reciba más dinero tendrá más fácil ganar o más difícil?
Se lo pregunto porque imagine que esta “propuesta” hubiera sido hecha en los años 70 u 80: ¿le seguiría pareciendo correcta?
Tal como se prometió en campaña en múltiples ocasiones, se quieren recortar los plurinominales.
Aquí sería interesante conocer la fórmula que se utilizaría para determinar qué votos valen más; es decir, de qué estados serían más relevantes al momento de asignar las posiciones plurinominales. Según lo que ha trascendido, el Senado quedaría con 96 escaños, eliminándose 32 de representación proporcional. En el caso de los diputados, quedarían 508 curules: 300 de mayoría relativa, 200 plurinominales y 8 para la diáspora.
En el plano técnico, el Consejo General del INE pasaría de 11 a 9 integrantes. También desaparecerían las juntas distritales permanentes. Seguramente usted no sabe exactamente qué son, pero créame: son importantes.
La intención sería “crearlas” solamente cuando haya elecciones, algo similar a lo que ocurre con los consejos distritales o municipales locales. Sin embargo, si los organismos locales pueden funcionar así, es precisamente porque existen estas juntas distritales permanentes que trabajan todo el año y no únicamente en periodos electorales.
De igual manera, se plantea la desaparición de los organismos públicos electorales locales. Considero que esto sería un error. Así como señalé que los consejos locales pueden instalarse temporalmente gracias al respaldo técnico de las juntas distritales del INE, estas últimas también funcionan correctamente gracias a la colaboración de los organismos locales. Incluso actualmente, el organismo electoral de nuestro estado no está integrado conforme a la ley, pues le falta un consejero; veremos si antes del proceso electoral se atiende este tema.
Además, se propone que los consejeros locales sean solamente cinco: tres electos por el Senado y dos por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Sí, leyó bien, no resulta claro el razonamiento para que la CNDH intervenga en la designación de consejeros electorales.
En lo personal, no veo que estas medidas fortalezcan al INE. Tampoco abona el planteamiento de elegir mediante voto popular a los magistrados electorales locales.
Ya experimentamos en Sinaloa (aunque fuera en el ámbito federal) la elección de jueces, y si me pregunta, no ha sido un éxito. Basta buscar en internet el desempeño de algunos jueces que llegaron por esta vía para formarse una opinión. De hecho, ya existe un sector del propio partido en el poder que considera necesario revisar y modificar la reforma judicial.
Para cerrar, el Diputado Ricardo Monreal declaró ayer sobre esta reforma: “Como venga la iniciativa, la vamos a respaldar unánimemente en Morena”. No sé usted, pero a mí esta afirmación me recuerda a las posturas del antiguo partido hegemónico en los años setenta. El propio coordinador reconoce que aún no se conoce el contenido final de la propuesta, pero eso parece una pequeñez: ya está listo para aprobarla. ¿A poco no pensó usted en la división de poderes?
PD.
Si usted tuviera la facilidad de radicar fuera del estado de Sinaloa, ¿lo haría?