¡Vamos a Puerta de Canoas!

ENTRE COLUMNAS
22/11/2021 04:00

    A propósito de mi colaboración del lunes pasado, titulada: “Turismo rural-comunitario para el sur de Sinaloa”, un lector me escribió para comentarme del potencial turístico que tiene Puerta de Canoas. Para conocer a fondo el poblado, redireccioné mi ruta ciclista del fin de semana con el fin de hacer una visita empírica.

    Se trata de un pequeño pueblo que, efectivamente, tiene todo para ser catapultado, pero que, por algún tipo de olvido, no es tan conocido. Puerta de Canoas, tiene, además de su encantador, y para muchos, misterioso nombre, un pequeño templo católico -alrededor del cual se cuentan varias historias-, una placita que luce un busto en yeso de un personaje muy admirado por los locales y calles cortas pero intrincadas, impuestas por las características orográficas: unas suben y otras bajan, según hacia dónde se dirijan los caminantes.

    La arquitectura que predomina, aún a pesar de construcciones de nuevo tipo, es interesante: la mayoría de las casas del pueblo están construidas al modo antiguo, es decir con techos altos de varas, lodo y tejas coloradas; grandes puertas y ventanas verticales, con protecciones de hierro forjado; sus pisos son de losetas de barro cocido, las que al ser mojadas conservan la frescura de las mañanas. Estas casas, invariablemente lucen, al frente, pequeños jardines o, en su defecto, números tiestos con flores multicolores. Por otro lado -en los patios traseros- algunas de las casas tienen pequeños talleres artesanales de golosinas como “jamoncillo”, cajetas, pan y empanadas; en otras se fabrican quesos y otros derivados de la leche, que se reparten en tendajones y restaurantes del puerto.

    Quien quisiera visitar Puerta de Canoas, pudiera hacerlo por un atajo de terracería, pasando por El Venadillo y Chilillos, pero desgraciadamente la carretera de terracería ha sido prácticamente destruida por las pasadas lluvias torrenciales. Tan solo ciclistas de montaña se ven por ahí.

    Si visita el poblado por la mañana se percatará de la presencia sólo de niños, adultos mayores y mujeres amas de casa. Los jóvenes estudiantes y adultos en edad productiva a esa hora están en Mazatlán, trabajando o estudiando. En ese sentido, Puerta de Canoas es una “comunidad dormitorio”; la mayoría de la población sólo duerme ahí, pero trabaja en la ciudad más cercana. Bien valdría que las autoridades municipales y la Secretaría de Turismo le pusieran atención, antes de que se convierta en un pueblo casi fantasmal, ocupado solamente por ancianos que se aferran a sus tierras, a sus casas y a sus recuerdos.

    En ese sentido, el turismo rural-comunitario bien podría ser una opción para Puerta de Canoas, tal como están desarrollando en La Noria y El Quelite. El turismo rural, a diferencia del que se promueve en los lugares de sol, playa y margaritas, éste busca captar un tipo de visitantes que se interesan en las historias regionales, en las arquitecturas tradicionales y en las gastronomías locales, propias de pequeñas localidades. Este tipo de turismo está adquiriendo mayor relevancia en el mundo, habida cuenta que sectores de población -principalmente de la llamada “tercera edad”- con altos niveles de escolaridad y económicamente pudientes, ya no les interesa tanto visitar las grandes ciudades con grandes hoteles, pues muchas de las cuales son por ellos muy conocidas.

    Claro, quienes visitan las pequeñas localidades rurales no son sólo extranjeros que buscan lo tradicional en países “menos modernos” que aquellos de su origen, sino también lo hacen los habitantes de propias ciudades medias o grandes ya que buscan distracción y entretenimiento diferentes, acaso porque buscan regresar -nostalgia de por medio-, a tener las experiencias de las costumbres y hábitos de sus ancestros o recordar lo que vivieron ellos mismos en sus infancias, antes de que los vientos “modernizantes” los expulsaran de sus paraísos. ¿Quiénes, habiendo vivido sus infancias en rancherías, no añoran las tortillas hechas a mano? ¿Quiénes no quieren volver a degustar las carnes asadas en hornillas de leña? ¿O saborear los riquísimos quesos frescos? ¿o los dulces salientes de pequeños talleres familiares?

    Bien, pues para turistas extranjeros, nacionales y locales, a tres o cuatro kilómetros de El Habal, se encuentra esta localidad que bien podría ser impulsada para captar el tipo de visitantes al que estoy aludiendo.

    Es cuanto....