Venezuela: crisis mayor

07/01/2026 04:02
    En el nuevo desorden internacional en el que estamos entrando pareciera que lo más recomendable para cualquier país es evitar la polarización. Una sociedad más dialogante e inclusiva parece menos vulnerable que aquella que se empeña en fomentar la polarización y el odio

    La intervención militar estadounidense en Venezuela es absolutamente condenable y emite un aviso preocupante: el derecho internacional como el conjunto de reglas que teníamos para operar las relaciones entre países, y el multilateralismo como el espacio para propiciar solución a las controversias, han quedado totalmente rebasados, hoy son disfuncionales. Es una crisis mayor.

    La reconstrucción de esas reglas y esos espacios no parece una tarea sencilla, pero no por ello deja de ser urgente. No es posible que un país atropelle tan flagrantemente las mínimas normas de convivencia y no existan consecuencias. Acaso una expresión de lo anterior fue la falta de contundencia que hubo en la comunidad internacional para condenar el fraude electoral perpetrado por Maduro. Hay que pensar en consecuencias mucho más inmediatas.

    Un segundo asunto que llama la atención de la intervención militar es el estado de la sociedad venezolana: hasta donde hemos visto, se trató de una transición pactada con una parte de la cúpula chavista, que será tutelada a distancia por los estadounidenses y cuyo propósito no es la recuperación de la democracia sino el control de los recursos naturales.

    Habla mucho de la descomposición política del régimen. No vimos escenas de defensa del caudillo ni efervescencia para defender la soberanía ni fiesta por el posible retorno a la democracia. Hubo mucha más celebración en la diáspora que en territorio venezolano.

    La nueva cúpula chavista sacrificó al caudillo y sus recursos naturales por sobrevivencia. He ahí una ilustración de la corrupción. Por supuesto que falta mucho tiempo para que las cosas terminen de reacomodarse, pero sin duda llama la atención lo silencioso que ha resultado el tránsito en Venezuela.

    Finalmente, en el nuevo desorden internacional en el que estamos entrando pareciera que lo más recomendable para cualquier país es evitar la polarización. Una sociedad más dialogante e inclusiva parece menos vulnerable que aquella que se empeña en fomentar la polarización y el odio. Ojalá seamos capaces de ver a tiempo esas lecciones venezolanas e imaginemos soluciones con altura de miras a nuestros muchos problemas.