Violencia, la cruz que carga Sinaloa
El Síndico y los policías asesinados

OBSERVATORIO
02/04/2026 04:02
    Son el centro y sur, es Sinaloa entero, los que gritan de dolor en el drama cotidiano y por la carencia de señales de que finalizarán la violencia y el horror de ésta. La embestida de los sicarios agravada por el hecho de ser perpetrada cuando los sinaloenses añoran tranquilidad para realizar sus paseos y rituales de Semana Santa. Lo fatídico de las horas recientes patentiza que con este tipo de destinos ya establecidos por el crimen, estaríamos llegando tarde a nuestra crucifixión sinaloense.

    A las organizaciones del narcotráfico que el martes dejaron el rastro violento de cuatro policías de Escuinapa asesinados, el ataque letal al Síndico de Tepuche y demás homicidios y privaciones ilegales de la libertad, se les ocurrió adelantarle a Sinaloa la vía dolorosa que con flechas de inhumanidad punza sin clemencia en la herida de la narcoguerra sangrante durante casi 19 meses. El reincidente viacrucis infligido por los infames contra una sociedad en el hartazgo por las atrocidades, agotada inclusive de pedir clemencia.

    El nuevo ataque a las instituciones de Gobierno, dirigido contra la seguridad pública y la gobernanza, sucede en la víspera de que miles de familias inicien la romería hacia playas, balnearios y otros centros de recreación, adquiriendo algo de confianza en que las autoridades les garanticen realizar los éxodos de manera segura, esa certidumbre que la realidad derriba cuantas veces asoma la esperanza.

    Vuelve a repetirse la circunstancia donde todo lo edificado por la sociedad en busca de tranquilidad y Estado de derecho colapsa frente al recrudecimiento de hechos de sangre derivados del conflicto doméstico en el Cártel de Sinaloa. El agotamiento social por la barbarie, el movimiento cívico cada vez más intenso en construcción de paz, y los golpes asestados al hampa por las Fuerzas Armadas e instituciones policiales, parecen ser poca cosa ante la fallida expectativa de la pacificación.

    El atentado en el sector Villa Universidad de Culiacán que le arrebató la vida al Síndico de Tepuche, Héctor Bartolo Zamudio Ríos, en el último día de desempeño del puesto, no requiere mayor añadidura para completar la relatoría de delincuencia impune actuando hasta para controlar cargos públicos de menor nivel. Es la guerra que requiere de bastiones por más insignificantes que parezcan y sin tener límites en los métodos para apropiárselos.

    En Tecualilla, Escuinapa, volvió a repetirse la acometida salvaje contra la Policía municipal que significa el eslabón más vulnerable de la cadena de la seguridad pública, al emboscar un grupo de civiles armados a elementos y mandos de la corporación asesinando a tres agentes y al subdirector operativo de la DSPyTM, Esteban Gutiérrez Mazariegos. Este suceso de alto impacto causó la conmoción ciudadana extendida a todo el estado, con la interrogante adjunta de cómo se permite que la institución preventiva realice acciones de protección a la población sin el respaldo de militares y agentes federales y estatales.

    Así, son el centro y sur, es Sinaloa entero, los que gritan de dolor en el drama cotidiano y por la carencia de señales de que finalizarán la violencia y el horror de ésta. La embestida de los sicarios agravada por el hecho de ser perpetrada cuando los sinaloenses añoran tranquilidad para realizar sus paseos y rituales de Semana Santa. Lo fatídico de las horas recientes patentiza que con este tipo de destinos ya establecidos por el crimen, estaríamos llegando tarde a nuestra crucifixión sinaloense.

    Esto no es otra cosa más que el lamento de las instituciones de gobierno y quienes las encabezan, que al Alcalde de Escuinapa, Víctor Díaz Simental, lo llevan al último reducto de la impotencia indignándose por la manera desalmada con que matan a sus policías, y al Presidente Municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, que se une a la batalla de los culiacanenses contra la impunidad y exige justicia para el Síndico al que “siempre lo recordaremos como gestor incansable al servicio de su comunidad”.

    Todos los sinaloenses somos crucificados junto a los inocentes inmolados por la violencia, las víctimas de desapariciones forzadas, lo soldados y policías abatidos en el cumplimiento del deber y el inventario de pérdidas en vidas y patrimonio que nos asesta la narcoguerra. Y hemos recorrido todas las estaciones del año, imploramos compasión a los verdugos, y nada ni nadie nos aminora el peso de la cruz que cargamos durante 934 días cumplidos ayer.

    Pero si de algo sirve para calibrar el optimismo, la narcoviolencia muestra el largo camino a recorrer en el propósito de recuperar a Sinaloa para vivirlo. El colosal esfuerzo de nosotros, los sinaloenses, para nunca más una Semana Santa en la que le quitemos la atención a la crucifixión del Creador porque estamos concentrados en llorar la inmolación de los nuestros.

    Reverso

    Sinaloa sufre a diario,

    Su eterna Semana Santa,

    Por el particular calvario,

    Que el crimen aquí implanta.

    Trabaja la fuerza pública

    Nadie está diciendo que no dé resultados el operativo coordinado entre los gobiernos federal, estatal y municipales, sino que falta bastante por hacer frente a ciclos de violencia a veces de menor intensidad y en ocasiones de gran impacto tanto en los hechos como en el cansancio de los sinaloenses en la prolongada espera por la seguridad pública. El reporte del Grupo Institucional que comprende del 23 al 29 de marzo informa de la recuperación de 68 vehículos con reporte de robo, la detención de 25 personas presuntas generadoras de violencia a quienes les fueron asegurados 19 carros vinculados a actividades delictivas. 29 armas de fuego, 8 mil 793 municiones, 353 artefactos explosivos, una granada, un inmueble, 102 motocicletas, 12 cámaras de videovigilancia y 13 máquinas tragamonedas.