Volver a la infancia

ÉTHOS
28/01/2026 04:00
    Empero, no siempre se añora la inocencia y espontaneidad de la niñez, pues en ocasiones se asocia con un periodo de duro aprendizaje, sea por parte de los padres o de los maestros.

    Es muy conocida la enseñanza de Jesús acerca de la centralidad de la infancia: “En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños nunca entrarán en el Reino de los Cielos. El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos. Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (Mt 18, 2-5).

    Asimismo, expresó: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el reino de los cielos” (Mt 18, 2-6).

    Lógicamente, el Maestro no nos llama a ser infantiles, sino a emular la inocencia, inquietud, disposición y actividad de los niños, quienes son sencillos, humildes, abiertos, espontáneos y no cuidan apariencias. Por eso, Miguel de Unamuno, escribió:

    “Agranda la puerta, padre,/ porque no puedo pasar:/ la hiciste para los niños,/ yo he crecido a mi pesar./ Si no me agrandas la puerta,/ achícame por piedad;/ vuélveme a la edad bendita/ en que vivir es soñar”.

    Empero, no siempre se añora la inocencia y espontaneidad de la niñez, pues en ocasiones se asocia con un periodo de duro aprendizaje, sea por parte de los padres o de los maestros. Por ejemplo, Agustín de Hipona, expresó a sus 72 años: “¡Quién no retrocedería horrorizado y preferiría perecer si le dieran a elegir entre entre la muerte o volver a la infancia!”.

    Tal vez Agustín tuvo una experiencia desagradable con algún maestro o tutor, pues, como recordaremos, un conocido axioma decía: “la letra con sangre entra”.