Volvió Harfuch: Sinaloa sin novedad
Visitas con resoluciones imaginables

OBSERVATORIO
17/04/2026 04:02
    A cada visita de García Harfuch le corresponde la interferencia de hechos de violencia que golpean la narrativa gubernamental que ofrece el retorno paulatino a la tan prometida pacificación.

    Por herméticas y predecibles, las reuniones que encabeza el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, poco bajan los resultados hacia el sector popular donde está la gran mayoría de la población alcanzada por las derivaciones letales y daños psicológicos del encontronazo entre facciones rivales del Cártel de Sinaloa. Esa gente que más necesita saber del comportamiento de la violencia es la que menos puede ajustar sus actividades según el nivel de riesgo que corre.

    De igual manera, a cada visita de García Harfuch le corresponde la interferencia de hechos de violencia que golpean la narrativa gubernamental que ofrece el retorno paulatino a la tan prometida pacificación. Sin ir tan lejos, el miércoles, las horas previas a la llegada del Secretario de Seguridad estuvieron marcadas por el asesinato de un elemento de la Policía de Tránsito, cinco homicidios dolosos y cinco casos de desapariciones forzadas, entre otros delitos.

    Así sucedió ayer, fiel a un guión inamovible. En atención a las gestiones que realiza el Gobernador Rubén Rocha para que las acciones de seguridad pública no sólo sean sostenidas sino cada vez más reforzadas, y la atención que la Presidenta Claudia Sheinbaum comprometió con la recuperación de la tranquilidad de los sinaloenses, García Harfuch tendrá que viajar mucho a Culiacán y Mazatlán con la encomienda de evitar que junto a las víctimas de la narcoguerra muera también la confianza en las instituciones.

    Por eso esto parece cuento de nunca acabar. El Estado realiza grandes despliegue de las fuerzas armadas y la delincuencia hace alarde de fechorías cuyo propósito es el de mantener latente el miedo en la gente. A veces hay treguas que hacen creer que la lucha anticrimen va bien y luego ocurren hechos de sangre que echan abajo tal posibilidad. Los ciudadanos fluctúan entre aprovechar los bucles de cese de hostilidades para recuperar sus quehaceres y lugares comunes, sabiendo que pronto regresarán a sus casas a esconderse cuando arrecie la reyerta del CDS.

    Y ahí viene García Harfuch a levantar la fe en las instituciones mostrando indicadores de violencia a la baja, disminución que sí es auténtica como también verídica resulta la mejoría en el estado de ánimo colectivo en cada ocasión que el funcionario federal pisa la tierra de los once ríos. Es que si tarda en volver, los líderes de opinión, organismos del sector privado y sociedad em general le exigen que retorne.

    Entonces aquí entra al quite Rocha Moya para subsanar los huecos de la desinformación, como lo hizo al mediodía de ayer al comunicar que en el cónclave del búnker castrense se acordó continuar con el reforzamiento de los operativos y estrategias enfocadas a garantizar la tranquilidad de la población sinaloense. “La instrucción es que se mantengan las fuerzas federales que ya operan aquí, porque Sinaloa no se va a desatender; vamos a seguir trabajando con total intensidad y con la presencia de los mandos necesarios, incrementando los efectivos conforme se requiera”, informó.

    Y sí. Con base al comportamiento estático de las visitas del zar anticrimen del gobierno de Claudia Sheinbaum, cualquier sinaloense sabe que éste vendrá a acuartelarse en alguna fortaleza militar para afinar estrategias del Gabinete de Seguridad, sostendrá reuniones con sectores social y económico y enseguida se irá dejando como estela un mar de dudas. Un día retornará descorriendo los mismos pasos, apegado al inmutable manual de los encuentros como catarsis para que la ilusión por la paz sobreviva de las interminables refriegas entre los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y los de Ismael “El Mayo” Zambada.

    Es decir, la presencia del titular de la SSyPC federal cada vez adquiere mayor carácter motivacional. A duras penas opera para mantener viva la expectativa de paz en zonas que presentan a la ciudadanía resistiendo, abriéndose cauces para recuperar los espacios públicos que la delincuencia les arrebató, y observando el despliegue de manejos estadísticos que poco concuerdan con la percepción de barbarie que recalca las atrocidades.

    En ese esquema pendular está atorada la seguridad en Sinaloa. Y por lo repetitivo del esquema, una sociedad amedrentada oscila entre la esperanza de vivir tranquila fincada en la Ley y la frustración que el hampa instala con sus fechorías infinitas. Todo depende de que OGH se ocupe y preocupe de la guerra de 584 días cumplidos ayer, y que el Gobernador persista en la gestión de suficiente fuerza pública.

    Ahí pa’l otra dirá la conversación pública que esperaba de Harfuch la respuesta a la pregunta de cuánto tiempo más viviremos así en Sinaloa.

    Reverso

    Que regrese Harfuch a Sinaloa,

    Las veces que él así lo decida,

    Mientras siga a flote la canoa,

    Y en ella quede algo de vida.

    Policías y víctimas

    Debió estar sobre la mesa en las reunión del Gabinete de Seguridad Federal realizada ayer, la complicada situación de los policías municipales que siguen recibiendo la acometida criminal, mientras los ayuntamientos carecen de recursos públicos para cuidarlos y convertirlos en miembros de corporaciones avitualladas para defenderse por sí mismas. Los elementos preventivos y de tránsito están cayendo en medio del fuego cruzado con delincuentes o bien cazados por sicarios que los ven frágiles en la cadena de la protección ciudadana. El caso del agente de Vialidad asesinado el miércoles en el sector Cedros de Culiacán es otro hilo rojo amarrado en el dedo índice para que las autoridades no olviden este tema crucial.