¿Y la alianza opositora en Sinaloa?
Pero antes, liderazgo que convenza

OBSERVATORIO
05/10/2026 04:02
    El reto contiene la provocación a sentarse todos los de la Oposición en una misma mesa, pero desprovistos de apetitos de poder irrenunciables, protagonismos de antemano desechables, golpeadores políticos que acabarán haciendo el papel de saboteadores y actores de viejos polvos que se ofertan como oro molido

    Cualquier ejercicio de intervención ciudadana enfocado a transformar Sinaloa a través de la participación política necesita identificar los liderazgos legítimos que inspiren confianza, aptitud y arrestos en electores que desde el intimidante presente decidan sentar las bases de futuros seguros y estables. Antes que las alianzas, programas de gobierno y proyecciones del comportamiento del sufragio por supuesto que lo fundamental es quién puede hacer cambiar de opinión a los votantes ya cautivos por un partido o aquellos que oscilan entre la indecisión y la abstención.

    El hecho de llegar a acuerdos sobre el cabecilla facilitará la adhesión ciudadana que es la que importa para ganar la votación. Entre mayor sea el disenso respecto a quién dirigirá se derrocha el poco tiempo del que dispone Sinaloa que está ocupado en atender las crisis económica, social y política. Y si acaso le queda algo de plazo y ánimo adicional, la población lo invierte en voltear a los lados en busca de quién y cómo haga la labor de rescate, no por fanfarrones superhéroes sino por seres ordinarios de trayectorias impolutas e ideas concretables.

    El reto contiene la provocación a sentarse todos los de la Oposición en una misma mesa, pero desprovistos de apetitos de poder irrenunciables, protagonismos de antemano desechables, golpeadores políticos que acabarán haciendo el papel de saboteadores y actores de viejos polvos que se ofertan como oro molido. Y una advertencia pertinente: ir con las siglas de los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y Sinaloense tatuadas en la frente no requiere de avezadas encuestas para anticipar la derrota como resolutivo popular.

    Una cosa es que una mujer u hombre priista o panista de gran connotación concurse en la elección arropada por una gran fuerza cívica y otra muy distinta es que la envuelvan con las banderas y dirigencias tricolor y albiazul, tratando de que sus colores resalten en la posible coalición. Un acuerdo unánime en torno al perfil honorable y enseguida recubrirlo con la tintura ciudadana e independizarlo de partidos y personajes que en automático ocasionan rechazos.

    El tema es si los partidos y las y los que se promueven con envoltura de intachables e invencibles están dispuestos al gran examen social que los desmenuce y al no encontrarles colas que les pisen los habilite como pretensos creíbles y generadores de triunfos en las casillas electorales. Si no se llega a este punto lo demás serán guiños entre la partidocracia, reuniones ciudadanas a las que acuden los mismos de siempre, y preludios de divisiones en la eterna Oposición incapaz de hacer de lado apetitos personalísimos.

    Debe notarse con absoluta honestidad que el modelo que utiliza a nivel nacional el partido Movimiento Ciudadano es el que mejor funciona al tratarse de competir contra el Movimiento Regeneración Nacional. Gana espacios de elección popular porque inspira certidumbre, empatiza con los jóvenes, resignifica su promesa para hacerla acorde con la realidad y, sobre todo, no tiene empacho en presentar en las boletas de votación a cuadros que atraen al sufragio militen o no en MC.

    Un sencillo ejercicio tipo lluvia de percepciones mostrará el marcado rechazo al PRI, la poca credibilidad en que el PAN haya cambiado en su costumbre de beneficiar a élites y abandonar a los segmentos desposeídos, y develará que MC presenta menos negativos y acumula mayor simpatía social. Del PAS, está claro, podría significar lo mismo que el Revolucionario Institucional, que todo lo que toca lo convierte en cieno. Desde el análisis más templado esta es la realidad por más que cada partido y cada aspirante se resistan a reconocerla y actuar en consecuencia.

    La cuestión mayor consiste en si los partidos de oposición van a la lid electiva como mero trámite que les permita mantener el registro y recibir las millonarias prerrogativas, quitándose la máscara de aliancistas donde cada cual busca figurar así desfigure la viabilidad de la probable coalición. Es tiempo de que lo determinen porque los plazos del proceso comicial les pisan los talones a siglas y aspirantes y podría maniatarlos en caso de continuar con indefiniciones en lo esencial.

    Los partidos y candidateable se hallan emplazados a dar el paso definitivo que les permita dejar de hacerle al pato e instalarse en la perseverancia del “me canso ganso”, con plena conciencia de que los sinaloenses le apuestan más al rescate celestial que al salvamento que ofrezcan los mesías terrenales.

    Reverso

    La Oposición en Sinaloa,

    reincide en el eterno yerro,

    al querer hacer la barbacoa,

    antes de que nazca el becerro.

    El Gran Encuentro

    Tal como lo refrendó Manuel Clouthier Carrillo al exponer que “uno de los problemas del País es que la sociedad dejó de asumir su responsabilidad de vigilar al poder y terminó esperando que fueran las instituciones las que resolvieran por sí mismas los asuntos públicos”, el Gran Encuentro Ciudadano efectuado en Culiacán el sábado concentró a los mismos que han empujado el pacto social y algunos políticos que acuden a prenderle su velita a San Pretenso a ver si les hace el milagrito de meterlos o sostenerlos en la nómina del erario. Y la gran incógnita sigue siendo el cómo convencer a los sinaloenses de que se preocupen y ocupen de los asuntos públicos sin que lo vean como pedido del voto.