Y sin Rocha ¿ahora qué empieza?
Sinaloa: más crisis que soluciones
A la anarquía que instala en Sinaloa el crimen organizado, con ataques letales en cuadrantes de Culiacán bajo la vigilancia militar y policial, el 1 de mayo se le agregó la crisis política implícita en las solicitudes del Gobernador Rubén Rocha Moya y del Alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, para ausentarse temporalmente de los cargos. Y por si la situación no fuese complicada, los partidos políticos de Oposición escenifican el aquelarre de los sin votos, mientras una parte sobresaltada de la sociedad logra la cabeza que quería ver colgada en la plaza, sin importar si eso es o no justicia.
El cumplimiento de un simple ordenamiento jurídico, que determina que los servidores públicos entran en conflicto de intereses si ejercen los cargos mientras está en curso contra ellos alguna diligencia del orden penal, alteró la conciencia cívica tanto que entorpece el sentido común. La ocasión, sin embargo, nos aporta esa fotografía instantánea en la que estamos obligados a vernos todos: enjuiciados y fustigadores, detractores y aduladores, gobernantes y opositores. Y se recrea la utopía de que dimos un salto fuera del abismo sin percatarnos de que nos hundimos en precipicios todavía más profundos.
Hasta el viernes había una sola cuenta regresiva vigente desde que el jefe y equilibro en el Cártel de Sinaloa, Ismael Zambada García, fue secuestrado y entregado a la justicia de Estados Unidos por un hijo de Joaquín Guzmán Loera, el otrora aliado de “El Mayo”, lo que detonó la confrontación más violenta de que se tenga memoria entre organizaciones locales del narcotráfico, con un promedio de 5.6 asesinatos diarios desde el 9 de septiembre de 2024 a la fecha.
El caos que ya estaba aquí por la guerra entre narcos, los mismos con los cuales sectores y familias convivieron e hicieron negocio durante medio siglo, ahora crece a niveles tan inimaginables que imposibilita calcular las consecuencias. Mitad confusión y mitad sentencia, las masas fluctúan entre la celebración y la consternación, atestiguando cómo el vulgo halla una válvula de escape, el oportunismo hasta convoca a carnes asadas festivas, los modernos Torquemada incitan al juicio social con justicia por mano propia, y las actividades económicas sacan cuentas de las pérdidas tasando lo que ganaban en la era de esplendor de los negocios con dinero ilícito.
Hoy los sinaloenses debatimos aferrados cada cual a sus argumentos. Está bien, no pasa nada. Podría servir este ejercicio deliberativo para purgar los fantasmas del mea culpa, de erigirse desde la particular circunstancia en juez de fallo inapelable, de no ver el arma criminal colocada en la sien de cada uno. De volver a la Edad Media donde la turba le imponía el sentido lúdico al hecho de ver marchar a los condenados hacia el cadalso. De validar la intromisión de Washington cuyo único propósito consiste en poner de rodillas a México convirtiéndolo en servidumbre del imperio gringo.
Veamos el fondo de esta realidad aunque ensayemos la fundamental catarsis colectiva tan indispensable para desahogar los sentimientos de ira y desesperación. Pronto caeremos en cuenta de los extremos del desconcierto que le rinde pleitesía al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por lanzar su aparato particular de justicia contra Rocha Moya, Gámez Mendívil e incluir en el paquete judicial al Senador Enrique Inzunza Cázarez, al Vicefiscal estatal Dámaso Castro y al ex Secretario de Finanzas Enrique Díaz Vega, así como a los ex directores de la Policía de Investigación Marco Antonio Almanza y Alberto Jorge Contreras Núñez, y al ex Secretario de Seguridad Pública, Gerardo Mérida Sánchez.
De igual manera, antes de que cante el gallo nos percataremos de que la entelequia construida por partidos y políticos, en el sentido de que la violencia de la narcoguerra acabaría al no desempeñar Rocha el cargo de Gobernador, resulta igual de perversa que la lucha entre los criminales que continúa cobrando vidas humanas como los tres asesinatos perpetrados la madrugada del domingo en eterno campo de las hostilidades que es el sector Tres Ríos de Culiacán.
Es verdad, Rocha Moya y demás acusados por la administración Trump por posible colaboración con el narcotráfico ya se encuentran bajo la investigación que realiza la Fiscalía General de la República, pero ¿cómo está Sinaloa? ¿Quién de los facinerosos de la política o del CDS, de todos los colores y de peores atrocidades, está libre de culpa para lanzar la primera piedra contra el monstruo de la inestabilidad que acecha?
Para qué diablos una carne asada,
y qué apetito la deglutiría,
en el Sinaloa de carnicería,
por narcoguerra y crisis agregada.
Ya sin Rocha Rubén Moya ejerciendo la titularidad del Ejecutivo Estatal ni Juan de Dios Gámez Mendívil al frente del Gobierno de Culiacán, la Oposición enderezará sus ataques contra Yeraldine Bonilla Valverde y Ana Míriam Ramos Villarreal, Mandataria estatal y Alcaldesa interinas, respectivamente, porque el objetivo de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional no es la gobernabilidad sino el botín político que en la elección constitucional de 2027 todo indica le tocará la mayor y mejor parte al Movimiento Regeneración Nacional. Paradójicamente, la apuesta a la amnesia ciudadana que haga olvidar los grandes agravios del pasado transfigura a los villanos de ayer en los hoy salvadores de la sociedad.