‘Yo viví la bomba atómica’, un libro (1)

Lo que quiso decir
16/09/2026 04:00
    En su libro ‘Yo viví la bomba atómica’, el Padre jesuita Pedro Arrupe, que vivió el brutal acontecimiento cuando se desempeñaba en el noviciado de Nagatsuka, a seis kilómetros del sitio donde cayó la bomba, en el centro de Hiroshima, habla sobre la realidad de Japón, del cristianismo en ese país, del trabajo misional y, sobre todo, intenta hacer conciencia sobre la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, y lo que significa el uso de la energía nuclear en la guerra, y la tragedia de las víctimas.

    En julio de 2026 estuve en Hiroshima, Japón, con Sybille, mi compañera, y Cristina, una amiga de los dos. Visitamos los sitios que en la ciudad se han construido para recordar la tragedia de la caída de la bomba atómica, el 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, que son el Parque de la Paz, el Memorial de la Paz y el Museo Memorial de la Paz. Nos impresionó y nos conmovió.

    Decidí que de regreso a México volvería a leer “Yo viví la bomba atómica” (Ediciones Mensajero, España, 2025) escrito por el Padre jesuita Pedro Arrupe (Bilbao, España, 1907 – Roma, Italia,1991), que vivió el brutal acontecimiento cuando se desempeñaba como maestro de novicios de la Compañía de Jesús en Japón. El noviciado de Nagatsuka estaba a seis kilómetros del sitio donde cayó la bomba, en el centro de Hiroshima.

    El jesuita publica por primera vez este libro en 1952, y lo presenta en muchos países, y en las presentaciones habla sobre la realidad de Japón, del cristianismo en ese país, del trabajo misional y, sobre todo, intenta hacer conciencia sobre la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, y lo que significa el uso de la energía nuclear en la guerra, y la tragedia de las víctimas. En la Introducción cuenta su experiencia al dar estas conferencias sobre el libro.

    La obra de Arrupe, que llega a Japón en 1938, y vive ahí 27 años, tiene cuatro partes. La primera es el Japón escenario de una explosión atómica, donde analiza la realidad del país, la declaración de guerra, la cultura, las religiones que se practican y la resistencia que existe en esa sociedad para aceptar el cristianismo.

    En la tercera parte, El nuevo Japón, y en la cuarta, Mirando al futuro, habla del país que surge después de la derrota a manos de Estados Unidos, la caída de la imagen del emperador como un Dios, y el futuro de la Iglesia católica en la nueva realidad del país.

    ‘Un fogonazo de magnesio disparado ante nuestros ojos’

    La parte dos, la central, es La guerra y la bomba atómica, que es el testimonio de cómo él y los jesuitas que viven a las afueras de Hiroshima asumen la tragedia. Cuenta cómo, a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, mientras está en el noviciado de Nagatsuka, ocurre la explosión, y ve “una luz potentísima, como un fogonazo de magnesio, disparado ante nuestros ojos”. La onda expansiva destruyó puertas, ventanas y paredes. Describe los hechos desde la perspectiva inmediata de alguien que no sabe exactamente lo qué ha ocurrido.

    De inmediato la bomba produjo una destrucción de una magnitud desconocida hasta entonces en el mundo. Decenas de miles de personas murieron al instante de la explosión y muchas otras quedaron gravemente heridas. Las quemaduras, traumatismos y efectos posteriores de la radiación provocaron una tragedia que se prolongó mucho más allá del momento de la explosión, y que siguió por décadas.

    El Padre Arrupe, que antes de entrar de jesuita había estudiado Medicina, convierte el noviciado en un hospital de campaña, para atender a las víctimas. Su testimonio da cuenta de las carencias y las enormes dificultades para atender a los heridos inmediatamente después de la explosión. Las heridas producto de la radiación atómica se presentaban como algo desconocido.

    Yo viví la bomba atómica

    Pedro Arrupe, S. J.

    Ediciones Mensajero

    Bilbao, España, 2025

    95 páginal