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"OPINIÓN"

"Zapatos y mangueras para pies chuecos"

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    Todos estamos de acuerdo en que cada niño es diferente. Cierto, puede haber parecidos, y es inevitable la comparación entre hermanos, o de tu hijo con los hijos de tus más allegados, pero todos tienen sus peculiaridades. Es importante considerar esto al hablar del crecimiento y el desarrollo. Puede haber variaciones y pueden ser normales. Las piernas y los pies lo ilustran bien. 

    ¿Has notado cómo ya casi no se ven por las calles niños con zapatitos ortopédicos ni con alambres o mangueras a los costados de las piernas? La comprensión del desarrollo normal de las piernas, de las variaciones normales, y de la ineficacia de esos tratamientos han hecho que caigan en desuso. 

    Aquellos zapatos rígidos, por lo general de color negro y poco estéticos, se usaban para “crear arco” en niños con pie plano. Pero resulta que la mayoría de los menores de 6 años tienen los pies bastante laxos, y al ponerlos en cualquier superficie plana parecería que los tienen planos. A eso se le llama pie plano flexible o funcional, no da síntomas, y no requiere tratamiento. Al paso del tiempo se fue comprobando que el uso de los zapatitos no influía nada.

    Por otro lado tenemos las mangueras o ‘twisters’. Se usaban en pacientes que caminaban metiendo las puntas. Esto puede pasar por variaciones del pie, entre la rodilla y el tobillo, o entre la cadera y la pierna. Y, de nuevo, muchas veces son variantes normales. Pongamos el ejemplo de la anteversión femoral incrementada. Los niños con ella tienen el hueso de la pierna (el fémur) un poco rotado en relación a la cadera (la ‘cabeza’ del mismo fémur). Por eso caminan con las puntas del pie hacia adentro y por lo mismo se suelen sentar cómodamente en posición de ’W’. La realidad es que la evolución natural hace que esta torsión desaparezca a los 11 años y ni las mangueras ni estarlos regañando para que no se sienten en ‘W’ les servirán de algo (1). 

    Hay que aclarar que puede haber malformaciones, desviaciones o torsiones que se salen de la normalidad y que pueden requerir de plantillas, férulas o cirugía. Una buena comunicación entre el paciente, el pediatra y el ortopedista es pieza clave para que a un niño le vaya bien. 

    En cualquiera que sea el caso, ya sean variantes de la normalidad o patologías específicas, ni los zapatitos de antaño ni las aparatosas mangueras son la solución… a menos que el niño se quiera disfrazar de Forrest Gump. ¡Corre, Forrest, corre!

     

    1. Rosenfeld SB. Approach to the child with in-toeing. In Torchia MM (Ed.), UpToDate, 2018.

     

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