"Enseñar al que no sabe"
Padre Amador Campos Serrano
Guiado por la razón, más que por el instinto, el ser humano, a diferencia de las demás especies vivientes, cada día y en todo lugar, tiene necesidad de aprender la manera de conducirse por la vida.
Se nace ignorando la complejidad de la vida, según aquella sentencia; "nadie nace enseñado" y una búsqueda de respuestas está presente desde los primeros momentos de la llegada a este mundo. Es un deseo insaciable activado por la capacidad pensante que caracteriza al hombre.
En la búsqueda de conocimiento, por parte de la razón, tienen importante función las personas que ofrecen las respuestas satisfactorias a la razón, convirtiendo, esas respuestas, en medios utilizados para conducirse de una manera autónoma por los senderos de la vida, más adelante. Pero así como hay buenas enseñanzas, también existen las malas enseñanzas ¡Gran responsabilidad es la de enseñar al que no sabe!
Al tocar el tema de la enseñanza, generalmente nos viene la figura de los buenos maestros, quienes han desarrollado una loable y meritoria función a través de la historia en el campo de la enseñanza, pero esta tarea, aún cuando ha sido fundamental, no se reduce a solo ellos, pues abarca la totalidad de la existencia, desde el nacimiento hasta llegar a todos los momentos y lugares en los que se encontrará el ser humano. Por esta razón en algún momento todos nos convertimos en educadores y por ende en maestros.
Los primeros educadores y a quienes les corresponde el derecho y la obligación de educar y vigilar la educación son los padres, quienes al recibir la llegada de un hijo a este mundo, deben de ser conscientes de esta gran responsabilidad, ejerciéndola desde el don del amor paterno, en el entorno de la vida familiar.
En el ámbito social, en el cual todos estamos inmersos, la actividad educadora está presente en todas las circunstancias en donde el ser humano se desenvuelve, convirtiéndolas en fuente de aprendizaje, tanto para bien, como para mal. De Ahí, la enorme responsabilidad de nuestros actos, pues al caer en un indiscriminado permisísmo, basándose en una errónea concepción de libertad, estará latente el riesgo de lamentables consecuencias que pueden arruinar toda una vida.
Enseñar y aprender son dos polos de una misma actividad esencial en el ser humano, dada su condición de ser inteligente, la cual llevará a razonar, haciendo valoraciones, para posteriormente tomar una decisión en el ejercicio de la libertad, característica distintiva de los seres racionales.
Al convertirse nuestros actos en fuente aprendizaje para los demás, sobre todo para quienes por sus circunstancias saben menos y requieren una enseñanza responsable tenemos la gran oportunidad y el privilegio de dejar una enseñanza en ellos, un legado que hablará de nosotros en sus vidas, esperando un permanente recuerdo de gratitud por ese legado, el de una buena enseñanza.