"Eusebio Olalde Hernández: Un hombre íntegro"
MAZATLÁN._ El doctor Eusebio Olalde Hernández no nació en Mazatlán sino en el poblado guanajuatense de Comonfort, el 5 de marzo de 1913, pero lleva en la sangre el amor a esta tierra porque la ha vivido y la ha sufrido como testigo y protagonista de su historia desde la década de 1940.
Por eso es tan estimado y tan reconocido por sus colegas y por mazatlecos de muchas generaciones.
Fundador del primer Colegio de Médicos del Estado junto al doctor Héctor González Guevara, del Club Campestre de Golf, del ya desaparecido Casino Mazatlán, de la Asociación de Farmacéuticos.
El ex director del Hospital Militar, del Hospital Civil y del ISSSTE; secretario de Salubridad del Estado de 1981 a 1986, y médico con consulta diaria de 60 pacientes hasta su retiro; llegó a suelo sinaloense en 1944, como encargado de Sanidad Militar del 16 Regimiento del Ejército Mexicano, bajo el mando del entonces teniente coronel Jesús Arias Sánchez, personaje histórico que vino a poner fin a la guerra que en esa época se vivió entre agraristas y dorados y que tiñó de sangre el campo del Sur de Sinaloa.
A sus 95 años recién cumplidos y con una memoria privilegiada, nos recibió en casa de su hija Margarita Olalde, esposa de Robert Trucíos, y nuestra conversación va y viene en el tiempo.
"En el 17, la Revolución y esas cosas decidió a mi padre Donaciano Olalde Morales, quien era agricultor y comerciante, a que nos fuéramos a vivir a Celaya. Mi madre se llamaba María Abraham Hernández, fui el número 8 entre 11 hermanos", recuerda.
¿Cuando le nace su vocación por la medicina?
Hacía cinco o seis años que había terminado la primaria y mi padre me puso una tienda en el mercado. Entonces llegó a vivir al lado de nuestra casa un médico militar. ¡Quiero ser médico!", le dije a mi padre. ¡Sale uno a la calle y en lugar de lazar un perro laza uno a un médico de tantos que hay!, me dijo. ¡Quiero ser médico militar!, le contesté. Entonces tuve que hacer secundaria y preparatoria.
Presenté el examen, sólo habría lugar para 20 plazas. Cuando fui a ver los resultados me di cuenta que antes de mí estaba el nombre de Juan Pérez Vela y yo era el número 21. ¡La O es primero que la P!, protesté. Se había escogido a los mayores promedios en el examen, así es que corrigieron y entré en el último lugar, Pérez Vela quedó fuera. ¡Para que me saquen va a estar lo bueno!, pensé.
Y comenta con orgullo: La Médico Militar sigue siendo hasta la fecha la mejor Escuela de Medicina en México, porque para sus prácticas tienen un hospital de mil camas y ninguna otra facultad tiene ese servicio. A mí me tocó un hospital más chico, pero de todos modos exclusivo para los soldados de todo el País.
Menciona con orgullo que fue condiscípulo del hombre récord en la Médico Militar. Así se le conoce al doctor Fierro del Río, quien tuvo 10 de calificación en todas las materias durante los seis años de la carrera.
"Yo estaba en el equipo de basquetbol y fuimos campeones de la República. Fierro del Río no era muy atlético, era más bien pequeño, y como tenía que cubrir la materia de deportes, se puso a estudiar esgrima. El día de su examen fui testigo de cómo casi acaba con su maestro, ¡hasta en eso sacó 10!
"Me gradué en 1940 y durante cuatro años me trajeron por todos lados, en un año me cambiaron seis veces. Fue entonces que conseguí una beca para ir a Estados Unidos a especializarme en enfermedades del pulmón. Manuel Camacho López a quien le decíamos "El Gallo", -papá de Manuel Camacho Solís-, quien fue mi maestro, era jefe de personal y a él le pedí el permiso.
"Ya había estado en el hospital para tuberculosos de Huipulco ayudando en las operaciones al doctor Ismael Cossío Villegas, una eminencia y muy reconocido en Estados Unidos. Él me recomendó con el doctor Herman Hylebold, jefe de investigación de la campaña contra la tuberculosis que estaba en todo su apogeo en el vecino país. Con él estuve en Washington, Glendale, Denver, en distintos lugares, y me recomendó para hacer cirugía de pulmón en Chicago, pues yo había interpretado 10 mil radiografías en tiempo récord. Saqué el mejor porcentaje con menos errores.
"Estando en Chicago, llegó una orden de Sanidad Militar que me apresaran por desertor. El embajador de México en Washington, doctor Francisco Castillo Nájera, mandó un oficio a la Defensa abonando mi conducta, y ahí decía que era muy importante para el Ejército que yo tuviera esta especialidad. Obedecí órdenes y me vine. El General Alamillo, agregado militar, envió conmigo al General Sánchez Leal una carta abierta en la que decía: La presente le será entregada por el mayor médico Olalde de quien hablamos en mi reciente visita a México durante las Fiestas Patrias. Siento mucho que no se le haya concedido la prórroga que acordamos, pero lo que más me duele es que si los que estamos en el mando no tenemos palabra, qué se puede esperar de los que no. Cuando le entregué la carta al destinatario, quien era el Jefe de Sanidad Militar, me dijo: '¿para qué se vino?, yo ya le estaba arreglando'. ¡Miente!, le contesté, vengo de la Defensa Nacional y ya vi lo que usted puso en el reverso del radiograma del General Castillo Nájera: 'No es de concederse, porque se necesita la plaza para que otro la aproveche mejor'; lo que pasa es que usted es un hijo de la tal por cual y quiere la plaza para su hijo que es un pendejo y me salí. Estaba un soldado dándole grasa y fue el único testigo. Esperé dos días y fui con el maestro Camacho para preguntarle qué iba a pasar conmigo, si me iban a procesar. Me dio la noticia de que me iba al 16 regimiento a Villa Unión. ¡Menos mal! le contesté, ¡yo pensé que me iban a mandar al tambo!
¿Cuánto tiempo duró en Villa Unión?
Año y medio, y me cambiaron al hospital de Mazatlán cuando a Arias Sánchez lo destacaron a Esperanza, Sonora. Instalé mi consultorio por Ángel Flores 151, frente a la Plazuela Hidalgo.
No se usaban las especialidades y los enfermos no querían que se supiera que tenían tuberculosis. Se sentaban en el parque frente a mi consultorio, Hasta que veían salir al paciente anterior entraban. El secreto de la medicina es hacer el diagnóstico.
Por eso es que no nada más atendía a pacientes de mi especialidad. También era partero, operaba vesículas, de todo. Los especialistas se morían de hambre en ese tiempo. Yo creo que por eso tuve siempre mucha consulta, siempre me gustó hacer el diagnóstico primero. Si no lo tienes, ahí andas adivinando; si lo logras hacer, hasta en las boticas te pueden recetar, yo lo presumo.
La técnica francesa es estudiar al enfermo, revisarlo desde la boca hasta los pies. Los maestros nos decían, ¿cuál es su diagnóstico de presunción?, pues es esto. ¿No está seguro en 60 por ciento, qué falta? Un examen de laboratorio para confirmar. Ahora es al revés ahora primero te mandan a hacer todos los exámenes.
Y cuenta la anécdota que cuando AntonioToledo Corro se quebró la cadera al caer de un avión, él lo atendió. Luego los amigos le recomendaron al ex Gobernador irse a Tucson y él lo acompañó a ver al doctor que atendía a la esposa de Pepe Rico.
"Ni lo examinó ni nada, le mandó a hacer estudios y análisis, un montón, a los dos días volvimos. Aquí está la fractura, nos dijo, y luego preguntó, ¿quién lo atendió?, Toledo me señaló, ¿es usted traumatólogo?, me dijo, no, yo soy todólogo, le contesté. ¿What that it's means?, me preguntó. Entonces le expliqué. Lo mismo veo hombres que mujeres, niños o adultos, enfermedades de pulmón, todo. ¡De esos médicos nos hacen falta aquí en Estados Unidos!, contestó.
Y rememora que en 1946 Arias Sánchez regresó de Sonora como General y se apareció en su consultorio para decirle que había informado al Secretario de la Defensa que la tropa, los oficiales y él querían que regresara al regimiento.
"¿Qué opina?, me dijo, y conociéndolo le contesté: ¡ya sabe, mi General, que yo cumplo órdenes! Me fui a El Rosario, ¡me fue tan mal que hasta me casé!, el 29 de septiembre de 1948, con Virginia Echeagaray, la madre de mis hijos, Jorge Luis, Virginia, José y Margarita", dice con nostálgica satisfacción.
¿Le tocó a usted vivir la guerra que hubo aquí en el Sur de Sinaloa entre agraristas y dorados en la década de los 40?
-Sí, la ley del regimiento de Arias Sánchez era rendir partes sin novedad. El trajo 20 técnicos en radiocomunicación del Colegio Militar para la investigación en todo el Estado, para saber quién era fulano, en dónde andaba, qué hacía. Había muchas gavillas y eran muy bravas. De repente decían fulano de tal está en Villa Unión o en tal lugar, salía un radiograma de la comandancia a la partida de ese lugar. Localícenlo. En 8 ó 10 días se recibía: En respuesta a su radiograma de tal fecha, parte sin novedad. ¡Ya estaba enterrado!
Cuando se entregó Rodolfo Valdez "El Gitano", presunto asesino del ex Gobernador Rodolfo T. Loaiza, yo estaba ahí. Lo teníamos cercado enfrente de Aguacaliente, vio que estaba perdido y salió con una bandera blanca. Lo trajeron a la prisión militar de Mazatlán, lo tenían en una celda cavada en la roca del cerro del Vigía al que le pusieron rejas, apenas cabía y era un poco más alto que yo. -Sáquenlo a que le dé el sol porque se va a tullir, le dije al comandante, que camine un poco. Así es que el Gitano me agarró confianza. Un día le dije: oye, Rodolfo, ¿es cierto que con tus manos mataste como a 300? No, médico, son cosas del periódico que siempre le echan de más, nomás como 200. ¡El sordo mató más!, así le decían a Arias Sánchez.
¿Arias Sánchez vino a poner orden en la plaza?
¡Claro! en menos de dos años acabó con las gavillas. Cuando regresó de Sonora a El Rosario ya no había tanto problema.
Quería que fuera mi padrino de bodas y cuando se lo dije me contestó: Si yo entro a la iglesia se caen los santos de espaldas. Después fue mi compadre, porque bautizó a mi hijo Jorge Luis. Murió en Tucson.
¿Considera que el general fue quien pacificó la zona?
¡Claro!. Él era enérgico, no abusivo. No le gustaba perder tiempo con tantas citas con el ministerio público.
En una ocasión llegó el ayudante de la jefatura que estaba en La Barrigona para informar que habían agarrado a tres y quería órdenes. Acompáñeme, médico, ¡vístase de militar!, me dijo. Nos recibieron en la partida y se preparó un escritorio para el interrogatorio. Dicen que tú andas robando y matando a los de las haciendas, ¿quién te mandó para acá? El detenido no contestó nada. Mira, este muchacho no sabe nada, no nos puede ayudar, fusílalo y pásame al otro. ¡Ahorita me estoy acordando!, dijo el detenido. Ese día cayeron cinco.
Años después, cuando se fue a dirigir el ISSSTE sin dejar de pertenecer al Ejército, también trabajaba en el consultorio en donde atendía pacientes hasta la medianoche.
"En el ISSSTE peleé con los dirigentes de 53 sindicatos dependientes del Gobierno federal. Uno que dirigía a los de la SCT en una ocasión me mandó a su amante y no la quise atender. Cuando lo cambiaron a México se fue a despedir, y me dijo: doctor, lo felicito porque sólo usted sabe ser director, después era mi amigo.
"El dengue siempre ha existido, aunque en otro tiempo le decían trancazo. Como Secretario de Salud planeé la primera campaña de descacharrización para acabar con el mosquito transmisor. En ese tiempo Sinaloa fue el primer Estado que se nombró como libre de la polio, y aplicamos por todos los municipios la vacuna contra el sarampión y la triple. La vacuna contra la tuberculosis se cambió a que fuera el primer día antes de la de la polio y después de la de la viruela.
¿Los médicos militares son los mejores?
Sí, pero desgraciadamente no todos están dentro de las instituciones de Salubridad. Yo sé cómo se estudia y cómo se practica en la Médico Militar desde que la fundó en 1917 Venustiano Carranza.
Muchas páginas se tendrían que imprimir para poder plasmar todas las vivencias que nos compartió el doctor Olalde. El espacio se termina, nos queda la satisfacción de haber tenido ese privilegio.