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Cuatro ríos regaban el Edén: Éufrates, Tigris, Pisón y Güijón, según afirma el relato sagrado de Génesis, y quienes pretenden ubicar la pista del legendario Paraíso Terrenal, dos de estos ríos son muy conocidos, el Éufrates y el Tigris, pero faltan los otros dos.
Con el avance de la tecnología se han captado imágenes, desde los satélites, de un río fosilizado en la región del Fértil Creciente, lo cual vuelve a traer el tema del legendario Edén, en cuanto a su ubicación en algún lugar, pues este río vendría a ser uno de los ríos mencionados y hasta ahora no encontrados, solo faltaría encontrar el cuarto río, para completar el número citado por la Biblia.
El nombre actual de este río parece derivarse del idioma kurdo, lengua en la cual el término teg tiene el significado de agudo o rápido, lo cual sería una alusión a la rapidez de su cauce, quizá en oposición al curso pausado del Éufrates. En el texto bíblico se le menciona con el nombre de Hidaquel.
El Río Tigris ha visto pasar varias razas y culturas. Nace en el Monte Tauro, en la actual Turquía, para venir a desembocar en el Shatt al-Arab, un río formado por la conjunción de las afluencias del Tigris y del Éufrates, desembocando en el Golfo Pérsico.
Su historia ha acompañado y, muchas veces, ha tenido un papel protagónico al surgimiento y declive de grandes imperios en los albores de la civilización.
El caudal de este río contribuyo al nacimiento y auge de las primeras comunidades urbanas del sexto milenio antes de Cristo, como Eridú y El Obeid, cuando se daba el paso del Neolítico, como proveedor de recursos, según registran los rastros arqueológicos ahí encontrados.
Con el surgimiento de las grandes civilizaciones, diferentes escenarios se dieron cita en las márgenes de este río, hasta llegar al esplendor de la cultura occidental, originada en este lugar.
El recorrido del Río Tigris tiene una longitud de mil 900 kilómetros, y en sus primeros 400 avanza por el interior de Turquía; en los siguientes 32 hace la frontera de este país con Siria y, en los siguientes 418, penetra en Irak, para terminar unido al Río Éufrates, desembocando en el Golfo Pérsico.
Aún cuando su nombre designa su rapidez de su cauce, es navegable en gran parte de su recorrido hasta la actual Bagdad, aunque requiera para ello embarcaciones de poco calado.
El Río Tigris, uno de los cuatro ríos citados, y junto con el Éufrates, aún existentes y causantes del acuñamiento del término Mesopotamia, que significa tierra entre ríos, es el sitio que se considera como la cuna de la civilización.