"Evangelización, educación y cultura"
MAZATLÁN._La humanidad es una y esta unidad progresa y crece, logrando un desarrollo continuo desde su aparición en la tierra, diferenciándose así de los demás seres que habitan el planeta.
Entendida como unidad, existe en el interior de la humanidad una división complementaria, ordenada la una hacia la otra, ofreciendo un toque ascendente del desarrollo humano.
La Sagrada Escritura, en el libro del Génesis, relata la creación de la especie humana: "Y creó Dios al hombre a su imagen, varón y hembra los creó".
En su peregrinar a través de la historia, ha esbozado, el hombre, sus vestigios, en diferentes momentos, en los cuales, tanto el hombre como la mujer han tomado el mando de los destinos humanos, en un continuo ajuste y reajuste de su autodefinición, desde la forma matriarcal a la patriarcal, con sus modalidades de poliandria a la de poligamia, según fuera el padre o la madre quien tomara la responsabilidad de conducción.
En el relato bíblico, la mujer viene a ser parte integrante del hombre como una ayuda, no en el sentido de dependencia, sino de complementación, pues los dos forman una sola carne.
Cuando el hombre se encuentra con la mujer tiene una exclamación que designa la igual dignidad de la identidad del hombre respecto a la mujer: "Esta sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos, ésta será llamada mujer porque del varón ha sido tomada".
En el lenguaje hebreo, el hombre es designado con la palabra "is" y la mujer con la palabra "issah", o sea, la mujer es varona o también, la que tiene participación con el hombre.
En nuestros días, aun cuando ha habido un avance en la definición de los derechos, todavía no termina el debate en cuanto al derecho de cada uno.
No debemos olvidar que estos derechos no deben desembocar, como en antaño se ha tenido la tendencia, a un antagonismo, como si el hombre y la mujer fueran dos seres opuestos, que apoyados en movimientos contrarios deben velar para hacer velar sus propios derechos.
Hombre y mujer son diferentes y es diferente su función, pero existe en ellos una complementación y tanto uno como el otro han recibido la sublime dignidad de ser imagen y semejanza de Dios.