"Caballo de Chocolate"

"Caballo de Chocolate"
06/11/2015 06:23

    Guillermo Soelter

    Ha muerto el mejor ajedrecista del mundo, Robert James Fischer (Chicago, 9 de marzo de 1943–17 de enero de 2008 Reykjavik, Islandia).
    Muchos opinan que Kasparov ha sido el mejor de todos los tiempos. La verdad, Kasparov es el fruto de toda una infraestructura científica dedicada exclusivamente al ajedrez, en cambio, Fischer fue un autodidácta.
    Fischer adquirió libros de ajedrez escritos en ruso y empezó a estudiarlos. Fischer conocía el idioma ruso y en cierta forma fue un producto de la “Escuela Rusa de Ajedrez”, pues se nutrió de los análisis y enseñanzas de todos estos pedagogos soviéticos. Fue el hijo bastardo de los rusos y el que terminó destronándolos, al igual que Edipo Rey.
    Se sabe, perfectamente, que en Rusia hasta las amas de casa juegan ajedrez. Es el deporte oficial de Rusia y está considerado un arte, más que un deporte. Mientras que en los Estados Unidos, al igual que en México, se practica ocasionalmente y se le considera cosa para intelectuales aburridos.
    Imaginen ustedes, toda la motivación que necesitó Fischer para desafiar a su familia y la sociedad que no aceptaban que una persona normal se convirtiese en jugador profesional de ajedrez y menos a su edad, 13 años. Fischer abandonó la escuela secundaria y se dedicó exclusivamente a estudiar ajedrez.
    Lo más triste de esto es que Fischer sí era un genio, con un I.Q. de 176 y como nosotros tendremos un I.Q. a lo sumo de 125, jamás podríamos llegar tan lejos, ni estudiando las 24 horas al día. El fue un superdotado y por eso fue el fenómeno que fue. La moraleja es “¡Niños, no intenten hacer lo mismo!”.
    A los 13 años produce la mejor partida de todos los tiempos y sorprende al mundo. A los 14 juega en un torneo interzonal, válido para el campeonato del mundo. A los 15 es nombrado Gran Maestro Internacional. A los 29 queda como finalista, después de una serie de torneos clasificatorios, para desafiar al entonces campeón mundial el ruso Boris Spassky, esto en Reykjavik, Islandia en agosto de 1972.
    En plena Guerra Fría, los rusos pierden el campeonato mundial que por tantos años ostentaron. Lo peor fue que fueron, precisamente, sus eternos rivales, los yanquis los que le arrebataron la corona mundial. Fue un cataclismo tan grande, como las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. La hegemonía rusa del deporte-ciencia quedó desgarrada permanentemente.
    Fischer se convirtió en el gran héroe y como efecto colateral le dio una gran promoción al ajedrez en todo el orbe y en todos los ámbitos. Algunos critican sus excentricidades, juzgándolas como contraproducentes para la promoción del ajedrez, pero éstas son las que le dieron el “sabar al caldo” y volvieron al ajedrez mucho más interesante.

    Preguntas y sugerencias, enviarlas a caballodechocolate@hotmail.com.