Amigo lector de Noroeste, cuántas veces se escucha “ya no aguanto el dolor por atrás de la rodilla”, esta molestia es multifactorial, algunas prevenibles (la mayoría) y otras que se presentan por el deterioro fisiológico que causa la edad, pero sea cual sea la causa lo cierto es que es una sintomatología que altera hasta el carácter de quien la padece, así que a partir de hoy haga lo suficiente para prevenir este tipo de alteración en la articulación de rodilla.
El quiste de Baker o quiste poplíteo consiste en una acumulación de líquido sinovial en la región posterior de rodilla, éste al palparlo el paciente siente una “bola” que no estaba ahí, donde el tamaño puede ser muy variable pudiendo medir desde pocos milímetros hasta varios centímetros, en paciente obesos o con sobrepeso y si además son sedentarios o su trabajo es el estar sentados puede que esta afección altere su rendimiento, y de paso cursar con molestias constantes para cualquier movimiento.
Etiología. Esta patología puede ser complicación de otras patologías, pero normalmente es el resultado de otras afecciones de la rodilla que cursan con aumento de la cantidad de líquido sinovial de manera recurrente o crónica (roturas degenerativas del menisco interno o artritis recurrentes). Este liquido busca una vía de escape por lo pliegues sinoviales posteriores de la rodilla, concretamente entre las fascias del gemelo medial y del semimembranoso formando estos típicos quistes.
Cuando el individuo fuerza (al hacer el press en el gimnasio) la capacidad de los tendones tanto del gemelo medial o del músculo semimembranoso es común que sufra de alguna molestia en la parte posterior de rodilla y como esta desaparece con el reposo, pero si esta sintomatología se hace repetitiva, puede evolucionar a la formación de un quiste sinovial.
Sintomatología. En algunos casos de esta patología puede cursar asintomática durante toda la vida, y esto puede ser si el quiste es pequeño, o no está afectado otras estructuras. Los más grandes suelen cursar con sensación de presión o tirantez en la zona poplítea y sobre todo con dolor en la postura de “cuclillas” en el cual el quiste se ve comprimido. Cabe la posibilidad de la rotura del quiste propagándose entonces el líquido sinovial hacia la musculatura de la pantorrilla. Lo que genera un dolor importante e inflamación de la región posterior de la pierna. Cuando se complica con alteraciones de las estructuras “vecinas” al quiste puede existir deformación de la rodilla secundaria a la inflamación y edema de tejido blando.
Diagnóstico. Este puede ser clínico, pero para su confirmación se indica una ecografía o con una resonancia magnética que complementen la exploración física. Cuando se tiene el diagnóstico de certeza se estable su manejo.
Tratamiento. El manejo de esta patología se basa en solucionar la causa subyacente que propicia el edema articular siempre que se pueda. Si el quiste es grande se puede proceder a su drenaje con inyección posterior de corticoesteroides o a la excisión quirúrgica. En el quiste de Baker, y su manejo se deben tomar en cuenta las posibles patologías agregadas, por ejemplo en las gonartrosis existen dos cuadros bien diferenciados, pero que pueden coexistir. La condromalacia rotuliana que afecta a la articulación del fémur con rótula y la artrosis femorotibial que es más prevalente en el comportamiento interno o compartimiento de carga.
Las lesiones ligamentosas y meniscales de rodilla y la tendinopatía tienen un alta prevalencia en el ámbito deportivo. El quiste de Baker es una afección muy común en la rodilla, pero que generalmente es secundaria a otro problema como la artrosis, artritis o las lesiones meniscales.