Pbro. J. Esteban González Lara
1. NUESTRO ANHELO
Esta es una de las páginas más bellas, profundas y exigentes de la Biblia, pues nos presenta lo más exquisito del nuevo orden de vida que Jesucristo vino a inaugurar. Es un texto que conserva una admirable actualidad y que nos sirve como punto de referencia para discernir si somos en verdad discípulos de Jesús.
La gente estaba en el llano, su vida era plana y vacía. Pero tenía un anhelo, el anhelo de todo hombre de ser feliz. Jesús ve a esta gente con amor, se interesa por ellos. Sube al monte y se encuentra con Dios. Se sienta como quien va enseñar. Y es entonces cuando los discípulos dejan el llano y se acercan a Jesús. Cristo propone una felicidad distinta, insólita, sorprendente... todo está en acercarse a Él.
"La felicidad de la pobreza de espíritu": Es no estar apegado a cosa alguna más que a Dios, buscar lo trascendente. Ante el Reino de los cielos, no hay ninguna riqueza comparable.
"La felicidad de los que lloran": Dios, desde siempre, escucha el llanto del hombre, ve sus lágrimas... lo acompaña y consuela con ternura.
"La felicidad del que sufre". Es aguante interior, serenidad, confianza. Dios reivindica y define al que sufre.
"La felicidad de los que tienen hambre y sed de justicia". Justicia es hacer lo que Dios quiere. Los que lo practican o se esfuerzan por vivirla son felices.
"La felicidad de la misericordia". Misericordia es caridad, perdón. Ver al otro con los ojos de Dios. Es feliz quien mira así.
"La felicidad de los limpios de corazón". Son felices los que no tienen nada qué esconder, los que son transparentes: los que ven a Dios y lo muestran a los otros.
"La felicidad de los que trabajan por la paz". Son felices aquellos que trabajan por la justicia y por la paz, por un mundo mejor.
"La felicidad de la persecución". Son felices los que anuncian con valentía y generosidad el Evangelio, los que viven los valores del Reino hasta las últimas consecuencias. Dios recompensa a quienes padecen por su causa.
Empieza diciendo algo que contradice los valores de nuestro mundo y que a algunos les suena como burla: "Dichosos los pobres de espíritu". ¿Qué significa esto, pues la mayoría opina que para ser felices, hay que ser ricos, orgullosos, prepotentes y engreídos? Jesús, siendo Dios, fue sencillo y humilde de corazón. Con ello, nos enseña que se llega a ser grande por medio de la humildad. Es el camino que también indica el profeta Sofonías: "Busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra, los que cumplen los mandamientos de Dios. Busquen la justicia, busquen la humildad. Quizá puedan así quedar a cubierta el día de la ira del Señor. Es decir, una condición para buscar y encontrar al Señor es aprender a ser sencillos y humildes, sólo así se puede entrar en el Reino de Dios. Por eso la fuerza y la gloria de la Iglesia de los pobres.
2. LA FELICIDAD ES DIOS
Jesús nos dice "Dichosos los que lloran": es decir, los que saben llorar sus propios pecados; los reconocen sus errores y los lamentan; los que no permanecen insensibles ante el dolor ajeno y son capaces de llorar con quien llora; los que sufren por los males de los demás.
En cambio, con frecuencia se consideran las lágrimas como signo de debilidad, pues se dice que "los hombres no lloran". Por lo contrario, Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro y por la dureza de corazón de quienes no aceptaban su mensaje. Hay lágrimas que son señal de nobleza, de fina sensibilidad humana, de corazones que saben compartir alegrías y tristezas de los otros. Los orgullosos y prepotentes se hacen duros e insensibles como una roca. Por ello, no son muy dichosos.
Más adelante, Jesús dice: "Dichosos los sufridos"; es decir, los que saben soportar con reciedumbre los problemas; los que no escapan por la puerta falsa ante las dificultades; los que no huyen ante lo duro de la vida, refugiándose en el alcohol y en la droga. Por ejemplo, dichosas tantas mujeres que sobrellevan con paciencia la irresponsabilidad del marido y sostienen con sacrificios a los hijos. Dichosos los que se quedan sin trabajo y, sin embargo, no se dedican a robar o a secuestrar, sino que son creativos para luchar por la subsistencia, aunque sea en quehaceres sencillos. Dichosos los hijos que no son consentidos más de lo debido, sino que son educados para el trabajo, para la ascesis y la disciplina, para sacrificar sus gustos y así cumplir sus deberes. Jesús sufrió más que cualquiera; pero se mantuvo fiel hasta el final y no abandonó la cruz.
3. HAY QUE LUCHAR POR LA FELICIDAD
Jesús afirma: "Dichosos los limpios de corazón"; esto es, los leales, sinceros y transparentes; aquellos cuyas palabras son coherentes con sus hechos; aquellos con quienes sabemos que se puede contar, porque son incapaces de actuar con doblez y falsedad; los que no aprovechan su puesto para robar, sino que son capaces de vencer sus instintos; los que tienen limpios los ojos para ver lo bueno que tiene la vida y lo positivo que hacen los otros, y no ven todo manchado. Quien tiene sucios los ojos y el corazón, todo lo ve sucio. Los limpios de corazón son dichosos.
Finalmente, "dichosos los perseguidos por causa de la justicia"; es decir, quienes soportan incomprensiones y calumnias, siendo inocentes, por causa de Jesús; quienes son amenazados por defender a los pobres y por ser fieles a su fe; quienes se exponen a burlas por practicar su religión. Pero si sufrimos por nuestros propios defectos y errores, por dejarnos llevar por "ideologías falaces y aparentemente novedosas", no podemos aplicarnos la bienaventuranza del Señor.
En resumen, todos los que vivan de acuerdo con la Palabra del Señor, "alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".
¿En este momento de mi vida me siento dichoso o feliz de cumplir la voluntad de Dios?