Pbro. J. Esteban González Lara
Este es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito: He aquí que ya envié a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo les he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo (Mc I, 1-8).
1. UNA NAVIDAD SIN CRISTO... NO TIENE SENTIDO
Iniciamos la segunda semana de Adviento, tiempo de preparación a la Navidad. La de usted, ¿será una celebración como Dios quiere? ¿O la reducirá a las vacaciones, a los adornos y a los regalos? ¿Qué luz nos da hoy la palabra de Dios?
Que no nos quedemos en fiestas externas y familiares, pues no tendría sentido la Navidad si no logramos tener un encuentro personal, vivo y vivificante con Cristo. Que Él sea el centro de nuestro tiempo y de nuestra vida. ¡Una Navidad sin Jesucristo es un contrasentido, un absurdo, una burla!
La Navidad es la alegre noticia de que Dios nos ama y quiere estar tan cerca de cada uno, que se hace uno de nosotros, sin dejar de ser Dios. Jesús es el Verbo Encarnado, la Palabra hecha carne, la segunda persona de la Santísima Trinidad, que se hace el Hijo del hombre, para que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios, con derecho a la vida eterna.
El hecho de que Jesús haya existido es un dato histórico que se puede comprobar científicamente, por los hechos que nos da la historia. Sólo los ignorantes pueden decir que no existió.
Hay datos históricamente comprobados que nos hablan de su existencia humana. Esta es una verdad tan aceptada, que hasta el mismo calendario gira en torno a su nacimiento. Los años, en la mayor parte del mundo, se cuentan antes y después de Cristo. Su nacimiento es la gran noticia, el gran acontecimiento, porque cambió la historia. Por eso, es lamentable que la Navidad se comercialice tanto y no se tenga en cuenta su origen y su sentido, que es el nacimiento de Jesucristo. El centro de la historia es que hace más de 2 mil años nació el Salvador de todo el mundo.
2. LA FELICIDAD SE EXPERIMENTA EN CRISTO
Esta es la gran alegría que experimentamos los que aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Si usted no tiene esta gracia y esta gran dicha de la fe, pídala al Espíritu Santo con toda humildad y perseverancia. Entonces gozará de la felicidad que experimentamos los creyentes por el nacimiento del Salvador.
Sin embargo, para que haya una verdadera, profunda y permanente fiesta, en las familias, en la sociedad y sobre todo en el corazón, hay que atender la voz de Isaías, retomada por Juan Bautista: "Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos". Es decir, hay que prepararse a conciencia. Y lo primero que debemos hacer es seguir el ejemplo de quienes acudían a escuchar su predicación: "Reconocían sus pecados y Él los bautizaba en el Jordán".
Hay que reconocer los propios pecados y acercarse a los sacramentos, el primero de los cuales es el bautismo. Pero además, hay que enderezar nuestras vidas, para que en nosotros habite el Señor. Hay que reconocer los propios errores, pedir perdón y corregirse. Sólo así habrá Navidad.
¿Cómo hay que preparar el camino del Señor? El mismo Isaías nos responde:
"Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane".
¿Qué significa esto? Que quienes están hundidos y postergados se levanten, y que los que están muy elevados, se rebajen.
3. ¡ENTONCES HABRÁ NAVIDAD!
Preparar el camino del Señor significa que quienes ocupan puestos importantes, se hagan sencillos y humildes; que rebajemos nuestro orgullo y prepotencia.
¡Y entonces habrá Navidad!
Preparar el camino del Señor es que lo torcido se enderece; que los drogadictos y alcohólicos vivan en sobriedad; que los adúlteros y homosexuales respeten la sexualidad; que los ladrones, secuestradores y asaltantes se pongan a trabajar honradamente; que los calumniadores aprendan a valorar la verdad; que los violentos se pacifiquen. ¡Entonces habrá Navidad!
Preparar el camino del Señor es allanar lo escabroso; es decir, que quienes llevan negocios sucios, los purifiquen; que quienes aprovechan su puesto para asuntos indebidos, dejen de hacerlo; que los intereses mezquinos y los movimientos inconfesables se acaben; que la corrupción se elimine; que la política no sea escabrosa, sino limpia y transparente. ¡Entonces habrá Navidad!
CONCLUSIÓN:
En una palabra, la Navidad nos exige vivir en justicia y paz, santidad y gracia, como nos dice san Pedro:
"Piensen en cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes, esperando y apresurando el día del Señor... Nosotros confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habite la justicia. Por lo tanto, apoyados en esta esperanza, pongan todo su empeño en que el Señor los halle en paz con él, sin mancha ni reproche (2 Pe 3, 11-14).
Si queremos una Iglesia nueva, una familia nueva y una sociedad renovada, acerquémonos a Jesucristo y recibámoslo con un corazón bien dispuesto, sin mancha ni reproche. Entonces la Navidad no será pasajera, sino permanente, porque Dios estará siempre con nosotros.