J. Esteban González Lara
LA PALABRA DEL SEÑOR
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos se parece a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas: llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio 5 millones; a otro, 2, y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.
El que recibió 5 mil millones fue seguido a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo, y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un millón, hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su Señor.
Después de mucho tiempo, regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores...
INTRODUCCIÓN
En este penúltimo domingo del llamado Tiempo Ordinario, Jesús nos habla de su venida final, cuando todos seremos llamadas a cuentas, para examinar qué hicimos con los dones que recibimos. Esa venida del Señor puede acontecer en cualquier momento y nadie sabe el día preciso. Por ello, hagamos caso a lo que dice San Pablo.
"El día del Señor llegará como un ladrón en la noche... De repente vendrá...pero a ustedes, hermanos, ese día no los tomará por sorpresas, porque ustedes no viven en las tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y las tinieblas. Por lo tanto, no vivamos dormidos, como los malos, antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente".
A). DIOS CONFÍA EN NOSOTROS
La parábola del Evangelio de hoy es muy elocuente. Dios nos encarga sus bienes, para que los trabajemos y los hagamos rendir frutos e intereses. Esos bienes son la tierra y toda la naturaleza. También la vida, la familia, las cualidades personales. Sobre todo, los bienes sobrenaturales: el bautismo, la fe, la gracia, la caridad, los sacramentos, la esperanza, la iglesia. Todo es regalo, no mérito nuestro. Sin embargo, no son tesoros para esconder, sino para hacerlos producir.
¿Usted conoce sus capacidades y, quizás sus dones extraordinarios?, ¿Es consciente de para qué sirve y para qué está en este mundo?, ¿Acaso piensa que su vida es inútil y no tiene sentido?, ¿Dios lo mandó a este mundo por casualidad o para algo concreto y definido?
Ciertamente a Dios no le gustan los perezosos, los que sólo lamentan y critican, pero nada hacen por desarrollar sus capacidades; los que esconden o desconocen sus talentos y dicen que nada les sale bien y que son un fracaso en la vida y, por ello, a veces piensan muy negativos. Dios no quiere que seamos unos acomplejados y amargados; mucho menos unos envidiosos y destructivos de quienes sí han desarrollado sus cualidades y han logrado notables éxitos. No hay que ser de los que culpan a los demás e, incluso, al mismo Dios, como responsables de sus propios males, como si Dios fuera injusto, pues piensan que a otros les concedió muchos dones, y a ellos, nada. Eso no es así. A cada quien, Dios le concede la vida porque lo necesita para algo; para vivir esa vocación, Él le da los medios necesarios; de nosotros depende que sepamos aprovechar las oportunidades que nos concede y les demos sentido a la existencia.
B). A los que luchan y trabajan, que son inútiles, pasivos y perezosos, les irá bien. Así lo dice el Evangelio: Al que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aún eso poco que tiene. Así lo dice también el Salmo 127:
"Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos; comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, y le irá bien. Su mujer como vid fecunda, en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa. Esta es la bendición del hombre que tome al Señor: Que el Señor te bendiga, que veas la prosperidad todos los días de tu vida".
Esto es fruto del mucho esfuerzo, realizado según los mandamientos de la Ley de Dios. Pero quien sólo se la pasa vegetando tomando café y criticando, sin ponerse a trabajar, perderá aún lo poco que tiene.
El trabajo es un derecho y una obligación. Y quien trabaja, no se queda sin alimento, pues Dios da de comer hasta a los pájaros, pero no en el nido, tienen que salir a buscar y no se mueren de hambre.
¿Por qué entonces persiste la pobreza? En los estados del norte del país, tan secos y tan áridos, hay más desarrollo y menos pobreza. ¿A qué se debe la diferencia?
Es verdad que muchos son pobres y aún miserables por su irresponsabilidad y su conformismo; por su pasividad y apatía, máxime si están esclavizados por el alcohol u otra vicio. Necesitamos, por ello, desarrollar una cultura de trabajo y de superación personal, así como de organización comunitaria y de ayuda mutua.
Y esto no lo digo por ofender a alguien o por defender. Me baso en la Palabra de Dios y en la experiencia de mi historia personal. Yo soy hijo de un campesino ejidatario, quien con su trabajo arduo y creativo nos sacó adelante a pesar de que le tocaron tiempos mucho peores que los presentes.
Siempre fue muy trabajador, con iniciativa y creatividad para lograr el sustento de cada día, aunque tuviera que andar de comerciante. Además, fue muy religioso y fiel cumplidor de la Ley del Señor.
Organizaba su tiempo de tal forma que le alcanzaba para encabezar diversas actividades en orden al progreso material, cultural, social y religioso de la comunidad. Junto con otras personas, logró avances significativos para tener luz, agua, escuelas y párroco en nuestro pequeño pueblo.
Quien ayudó mucho a mi padre fue su esposa, mi madre. Fue una mujer sumamente abnegada, responsable, trabajadora y sacrificada. En su matrimonio se cumplió lo que dice hoy la Palabra de Dios.
"Dichoso el hombre que encuentra una mujer hacendosa; muy superior a las perlas es su valor. Su marido confía en ella y, con su ayuda, él se enriquecerá; todos los días de su vida le procurará bienestar y no males. Adquiere lana y lino y los trabaja con sus hábiles manos... Abre sus manos al padre y las tiende al desvalido. Son engañosos los encantos y vana la hermosura, merece alabanza la mujer que tome al Señor. Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos".
Muchas mujeres son así. Ellas son los que sacan adelante un hogar, a veces a pesar del marido, ellas han sido "el ángel custodio del alma cristiana" de los mexicanos. ¡Benditas sean por siempre!
¡Basta, pues, de quejas, lamentos y críticas! ¡pongámonos a trabajar y a hacer rendir todo cuanto Dios nos ha concedido! ¡Saldremos adelante y derrotaremos la pobreza!
CONCLUSIÓN:
El hombre que se va de viaje a tierras lejanas es el mismo Jesús. Los servidores, sus discípulos. El encargo es parejo: continuar con el anuncio del Evangelio. Esto es lo que significa recibir los talentos. A la hora de llamar a cuentas, a aquellos que han puesto a trabajar sus talentos, el Señor les dirá: "Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor". Aquel que tuvo miedo y escondió su talento, no encuentra sino un fuerte reproche: "Siervo malo y perezoso... ¿por qué entonces no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses?". En el fondo hay dos concepciones diferentes de Dios. Los dos primeros ven a un Dios que ama y confía en el hombre.
El otro ve a un Dios demandante y severo, más amigo del castigo que del amor: "yo sabía que eras un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado".
El Evangelio de este domingo nos invita a revisar, primero, si creemos en el Dios de Jesús que ama y confía en el hombre o en un dios severo y castigador. Segundo, a ver cómo empleamos los talentos que el Señor nos ha dado: si los enterramos por temor o pereza o si los hemos puesto a producir con responsabilidades.