Eran exactamente las seis de la mañana,
el sol ya brillaba fuerte,
un calor húmedo y sofocante
se sentía afuera de la recámara,
Un aullido doloroso
resonó muy fuerte desde afuera
y se metió por la ventana.
De un salto Menina se subió a la cama,
me lamió las manos,
se acurrucó en un huequito
que quedaba entre mis brazos,
su mirada punzante buscó la mía,
nuestros ojos se miraron
por un largo momento
hasta que el perro vecino se calmó.
Ella bajó su cabeza,
se enrolló,
un suspiro de tranquilidad
exhaló en su aliento,
metió su carita entre cobijas
y durmió a mi lado.
¿Cuál era el mensaje de ese aullido?
Después supe que una sombra negra
recorrió el barrio.