Gradualmente se van esclareciendo los confusos contornos, revelando unas imágenes materializándose paulatinamente, una ciudad de dimensiones considerables, un complejo urbano tocado con pinceladas de ambiente rural. La nave del pensamiento, en su vuelo por el tiempo se posa en las regiones del Tigris y el Éufrates, es el Siglo XVIII antes de Cristo.
Es el lugar entre ríos, Meso-Potamos, en la semántica helénica, origen de los primeros asentamientos urbanos, del mundo occidental, en este lugar al remontarnos aún más en el tiempo, en el Siglo VI milenio a. C. Eridu fue, probablemente, la primera ciudad establecida, pero con mayor exactitud, según los rastros arqueológicos encontrados, Uruk fue una urbe establecida. Eran los tiempos del dominio Sumerio.
Cuando nuevas dinastías suplieron a las anteriores, ante el paso conquistador de nuevos imperios; Asirios, Persas y finalmente los Helénicos, Babilonia, la gran capital, permanece como símbolo de poder terreno e instrumento de justicia Divina.
Babilonia, como ciudad, es mencionada por primera vez a finales del III milenio antes de Cristo, sometida primero a la ciudad de Ur y después considerada, ella misma, como ciudad-estado. Su nombre se deriva del término Acadio Bab-Ilim, “Puerta de Dios”, su ubicación actual es a 90 km. De Bagdad, en Irak.
El imperio de Babilonia, narrado en la Biblia, tuvo su auge en el reinado de Nabuconodosor II, extendiendo sus dominios hasta Palestina y Siria, llegando a su hegemonía VI a. C. cuando Ciro II lo anexó al imperio Persa.
Finalmente, conquistados por Alejandro Magno, la ciudad de Babilonia fungió como capital temporal, bajo la dinastía de lo Seleúcidas, a la muerte de Alejandro Magno, finalmente con la construcción de Seleucia, en el siglo IV a. C. Babilonia inicio su declive.
El imperio de Babilonia fue el primer estado con un dominio hegemónico y con una estructura social, que serviría de modelo a la cultura occidental posterior. A la cabeza de toda esta estructura se ubicaba el rey, ejerciendo el poder de manera absoluta, después de él estaban los gobernadores y administradores locales, así como los ancianos de esta manera se podían dominar las más alejadas provincias.
En su interna estructura social y económica, existían tres clases, perfectamente distinguibles: La clase superior o “awilu”; los “wardu” o esclavos y los “murken”, la clase intermedia entre las dos anteriores, constituida por los hombres y mujeres de clase inferior, pero libres.
Los esclavos, generalmente, eran prisioneros de guerra en los territorios conquistados, pero también había hombres y mujeres que perdieron sus derechos a causa de delitos cometidos, también se daban los casos de hijos de hombres libres, vendidos por sus padres para pagar alguna deuda. Los esclavos tenían algunos derechos legales, como hacer negocios o comprar su libertad.
Conocida por nosotros en el relato bíblico del tiempo de la diáspora, Babilonia viene a ser un signo del orgullo humano, contraponiéndose a la Sabiduría Divina, así como del castigo y purificación del pueblo elegido. En todo momento, Babilonia es el recuerdo, vivido, de la esperanza y la misericordia de un Dios que nunca abandona a sus elegidos.
En Babilonia el Pueblo de Dios llora con nostalgia, junto a los canales, esperando su liberación.