Las cirugías estéticas son procedimientos quirúrgicos que buscan mejorar la apariencia del cuerpo o el rostro. Estos procedimientos pueden incluir la colocación de implantes mamarios, liposucción, rinoplastia, lifting facial, entre otros. Científicamente someterse a cirugías no debe de ser adictivo en el estricto sentido médico pero (ojo) sí se pueden volver repetitivas en algunos casos, y esto ocurre por factores emocionales y psicológicos mas que por el factor quirúrgico., se facilita la adicción al quirófano sobre todo por cirugías de tipo estético porque se puede crear un sistema de reforzador emocional, donde la autoestima se ve aumentada y la persona quiere volver a sentir esa sensación de “sentirse bien, o admirada” por sus nuevos cambios físicos.
Las que se hacen adictas a estas cirugías , son personas que por lo general traen una sensación de: no sentirse suficientes, y no solo de su cuerpo, lamentablemente traen muchas carencias emocionales, sienten mucha presión social para ser atractivas o aceptadas en los grupos sociales en los que conviven, se sienten amenazadas por el bombardeo que existe en las redes sociales que dictan medidas y estaturas para verse bellas, o al menos aceptadas, y caen en estándares muy exigentes.
También se ha observado que después de la primera o segunda intervención, donde ya se experimentó el dolor, las incomodidades y sobre todo ya sabes lo que va a suceder.... se pierde el miedo y se decide con mayor facilidad a la siguiente cirugía, porque “no es suficiente”.
Cuando el motivador de la cirugía no es por alguna razón médica importante para el buen desempeño de nuestro cuerpo, sino es por cuestión puramente estética, es importante antes de cualquiera de estas operaciones mandar a evaluar emocionalmente al paciente, para indagar que lo lleva a operarse, y que espera de la intervención, que tan importante y de donde viene su urgencia de producir un cambio físico y porque el método de lo quirúrgico si hay otra opción. El cirujano al ver un paciente recurrente debe poner atención y recomendar apoyo psicológico y poner límites éticos al notar que el paciente espera algo de la cirugía que no se lo va a garantizar por ser un tema emocional.
No estoy en contra de las cirugías estéticas, porque pueden ser médicamente necesarias y en ciertos casos saludables, pero en algunas personas pueden convertirse emocionalmente en algo insano y sobre todo si el fin o el origen es psicológico severo. El riesgo a volverse adictivo radica en una personalidad con baja autoestima, perfeccionismo extremo o dismorfia corporal y esto lo hace problemático si se usa para llenar un vacío emocional en vez de por una decisión consciente.
Las señales más claras de cuando las cirugías pueden volverse obsesivas o poco saludables son: 1) Nunca estar satisfecho con los resultados, incluso cuando visiblemente son buenos resultados. 2) Buscar en su persona siempre defectos mínimos y que esos defectos no los notan otras personas. 3)Estar planeando la siguiente cirugía casi inmediatamente después de la anterior. 4)Cambiar frecuentemente de cirujano, buscando a alguien que la siga operando y no le ponga un límite.5) También presentan ansiedad, irritabilidad o tristeza cuando se les niega operarse. 6) Basar la autoestima casi por completo en la apariencia física, ignorar riesgos físicos o minimizar complicaciones. y 7) compararse constantemente con gente famosa.
La cirugía estética no debería ser una solución emocional, sino una decisión puntual, informada y limitada, cuando se convierte en una necesidad constante, ya no es estética, es salud mental.