Cuando ya no quede nada
del timbre de mi voz
por las avenidas de mi casa.
Cuando todo se apague
para honrar el silencio
en la noche fría
y el rumor del mar descanse
perdido en el eco del viento,
y en la memoria
no quede ninguna gota
de agua salada
que se despeñe por las mejillas.
Tú estarás ahí, esperándome
como mi única amiga,
y recibirás mi enojo
por tanta violencia en este mundo.
Tú estarás ahí, esperándome como mi única amiga, y recibirás mi enojo por tanta violencia en este mundo.