Es hora de tomar al tiempo
y encerrarlo como a un genio
en su preciosa botella,
detener las arrugas en la cara,
que pasen los años sin sentirlos.
De nombrar nuestras manos
como único aliento
de pasiones gastadas y perdidas
en laberintos que trazo la vida
y que al final conducen
al hueco oscuro de la tumba.
Es tiempo de juntar las manos
y decirle adiós
a todo aquello que fue vano
sin alimentar al alma,
que llenó de oropeles
nuestros cuerpos extasiados
quedando vacíos en sustancia.
Demos al tiempo más piedad
en su encierro cuaresmal
y a nuestra alma menos olvido.