FACTOR HUMANO
23/08/2026 18:45

    Juan José Rodríguez

    domicilioconocido@icloud.com

    Con diciembre, el frío y la navidad, vienen las cosas dulces.

    Las mandarinas, los dátiles con miel, el alfajor y las gomitas. Los buñuelos con miel o leche azucarada. Las gorditas con champurrado en la madrugada o los churros escarchados de azúcar en el parque Zaragoza.

    El ponche de frutas perfuma las casas con el burbujeante aroma de la sidra o el oscuro sabor del higo. Los árabes dicen que disfrutar un higo equivale a comer mil flores.

    Pero también es el tiempo de los arrayanes, palabra que también nos vino de la lengua de Mahoma y Omar Khayyam. Los arrayanes, esa fruta amarilla y de sabor ácido, astringente y capaz de encender al sentido del gusto.

    En Sinaloa usamos un adjetivo para definir ese saborcito que no registran los diccionarios: agarroso.

    Hace tiempo caminaba por las calles del mercado con un extranjero. Buscábamos una farmacia y al salir de ella nos topamos con un puesto de arrayanes, todos coronados de chilito piquín y sal, como si su solo sabor no fuera suficiente para galvanizar las gargantas. Se animó a comerse uno y me comentó que era un sabor que nunca había probado y jamás se imaginó que existiera.

    Los arrayanes son los hermanos maléficos de los nanchis. Caín y Abel en nuestro paladar. La gente acusa a los arrayanes de provocar apendicitis: un amigo mío se comió dos kilos para no cumplir con un desagradable compromiso laboral, pero otro amigo doctor afirma que la semilla es demasiado grande, que hasta la de un tomate nos puede provocar esa contingencia, así que dejemos en paz la reputación de los pobres arrayanes.

    A nadie se le ha ocurrido asociarlos con la navidad. Las cañas, mandarinas y tejocotes son personajes infaltables de las posadas. El ate de guayaba se come en estas fechas junto a los cubiertos de fruta y esas interminables bolitas de caramelo con semilla de anís al centro. Y ni hablar de los casi extinguidos Tommies y Ricobesos, que nunca faltaron para rellenar las piñatas menesterosas o abultar un poco más la bolsa de los dulces de los chamacos.

    Durante mucho tiempo, no entendí a la gente que andaba de malas en Navidad. Y entre mis amistades tengo como a tres émulos de Ebenezer Scrooge, el avaro personaje de Charles Dickens. Ha tenido la vida que darme algunos golpes y quitarme a seres queridos para comprender el sentimiento de quienes no evitan la incomodidad o el mal genio por estas épocas.

    Pero no es sano pasarse así esta temporada. Me ha costado un ejercicio de introspección definir mi estado de ánimo para estas fechas. Vienen tiempos de reunión y de júbilo, junto con la nostalgia y el extrañamiento de los que faltan, por no hablar de las crisis o tragedias que nos asesta la cotidiana vida.

    Así como el paso del tiempo vuelve las cosas agridulces, la navidad puede trocarse de esa manera. Hay que descubrirle el sabor a esa mezcla de sensaciones encontradas, donde no todo es dulzura, pero existe un ácido toque de realismo, similar al que tienen los frutos del arrayán decembrino.

    El tiempo de felicidad también es tiempo de arrayanes. No a cualquiera le gustan, pero hay que saber disfrutarlos o al menos soportarlos sin amargura. Algo complejo en un año tan difícil.

    Así como algunos gozan de comer guayabas bravas o mango verde, los arrayanes aparecen en el carnaval de fin de año como una metáfora de que aguarda una fuerte dosis de sabores agridulces frente a nosotros. De nosotros depende ignorarlos, hacer gestos ante ellos o ponerles un poquito de sal y picante para hacerlos más estruendosos.

    Y eso, nos guste o no, es una de las pequeñas cosas que le dan sabor a la gran fiesta de la vida.

    “Navolato tiene mucho potencial, lo que necesitamos es encontrar la manera de convertirlo en oportunidades para su gente”... En las últimas semanas hemos venido hablando de algunos de los temas que surgieron de las preguntas que hice a través de Facebook, buscando conocer qué cambiarían los ciudadanos de Navolato si tuvieran la oportunidad de hacerlo. Primero hablamos de la importancia de recuperar el orgullo por el centro de nuestra ciudad.

    Hoy quiero detenerme en otro tema que apareció de manera constante, me refiero a las oportunidades de desarrollo económico para Navolato. Estamos en la semana de los festejos del 44 aniversario de nuestro municipio y he decidido estarles presentando un pequeño trabajo de lo que expresaron mis contactos. Este es el tercero de cuatro columnas con el trabajo de interpretar los comentarios.

    Creo que todos coincidimos que nuestro municipio tiene mucho que ofrecer. Tenemos agricultura, pesca, ganadería, gastronomía, turismo, ubicación geográfica y, sobre todo, gente que todos los días busca salir adelante. Pero está la interrogante que no tiene una respuesta sencilla, ¿Por qué a pesar de todo ese potencial, Navolato no se ha convertido en un municipio con más empleos, mejores ingresos y mayores oportunidades para quienes aquí vivimos?

    Uno de los comentarios que recibí habla de la necesidad de que Navolato tenga plantas procesadoras y hasta un parque industrial que permita darle valor agregado a lo que aquí producimos. Y no es una idea menor. Durante muchos años hemos sido buenos productores de alimentos, pero buena parte de lo que producimos sale del municipio sin que necesariamente el mayor beneficio económico se quede aquí, en los campos de Villa Juárez es uno de los ejemplos.

    Lo mismo ocurre con la pesca y con el turismo. Altata tiene una ubicación privilegiada y una actividad turística que puede crecer, pero para ello no solamente necesitamos obras. También necesitamos mejores servicios, seguridad, limpieza, transporte y condiciones que permitan que quien llegue quiera quedarse más tiempo y regresar.

    Incluso apareció un comentario que llamó mi atención: la necesidad de contar con transporte público hacia Altata en horarios más tarde, incluso noche. Parece un asunto pequeño, pero cuando alguien quiere hacer turismo y no tiene vehículo, una situación así puede determinar si visita o no un lugar, pudiera ponerse en discusión el tema.

    También hubo quienes hablaron de los jóvenes y de los pequeños emprendedores. Jóvenes que desde la preparatoria comienzan a vender productos, a crear negocios y a buscar una oportunidad, pero que muchas veces no encuentran quién les dé seguimiento, capacitación o las herramientas para hacer crecer sus proyectos. Aquí también hay una tarea que se debe atender. Porque generar empleo no necesariamente significa esperar a que llegue una gran empresa. También significa ayudar a que crezcan las pequeñas empresas que ya existen, acompañar a quien quiere emprender y crear las condiciones para que nuevas inversiones encuentren en Navolato un lugar atractivo para establecerse. Y para que eso ocurra, nuevamente aparece una palabra que ya hemos mencionado, organización.

    Gobierno, empresarios, agricultores, pescadores, comerciantes, emprendedores y ciudadanos necesitamos encontrar puntos de coincidencia. No se trata de que todos pensemos igual. Se trata de que podamos tener una misma visión de hacia dónde queremos llevar a Navolato. Porque si algo me quedó claro después de leer los comentarios es que la gente no está pidiendo que alguien venga a salvarnos, estamos pidiendo oportunidades. Oportunidades para trabajar, para emprender, para invertir, para estudiar y para que nuestros jóvenes puedan quedarse en su tierra si así lo desean.

    Navolato tiene recursos, tiene ubicación y tiene gente capaz. Tal vez lo que nos ha faltado es convertir todo ese potencial en una estrategia que tenga continuidad, independientemente de los gobiernos que lleguen al poder y alejado de los intereses particulares, y que permita que los beneficios del desarrollo lleguen a más familias.

    Y aquí nuevamente me hago la pregunta: ¿Qué tendría que hacer Navolato para que dentro de 10 años podamos decir que dejamos de hablar de nuestro potencial y comenzamos a vivir de él? Porque tener potencial no es suficiente. El verdadero reto es convertirlo en oportunidades. O ¿Usted qué opina lector?...

    Felicitando a los cumpleañeros de la semana como el caso de Raúl Yamaguchi, Juan Carlos Quintero, Irlanda Aldapa, Sebastián Inzunza, Aldo Zazueta, Aída Cuevas, Cristo Miller, Esteban Valenzuela Muro, Silvia Sainz, Jacobo Gaxiola, Manlio Abel Jacobo, José María García y Delfy Estolano. Hoy cumplen años Karla Álvarez, Paola Juárez y Erika Musso. Mañana lo harán Carlos Ortega Torres y Maru Bolaños Amador. Para todos, mis mejores deseos... Y el próximo 27 de agosto se harán eventos para celebrar el 44 aniversario del municipio, a todas y todos, felicitaciones por nuestro Navolato. Mis lectores nos leemos el próximo lunes en la sección Palco, del periódico Noroeste.

    Con diciembre, el frío y la navidad, vienen las cosas dulces.