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Columna

El trabajo

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
27/01/2026 18:37

    “El trabajo es una de las características que distinguen al nombre del resto de las criaturas cuya actividad relacionada con el mantenimiento de la vida no puede llamarse trabajo, solamente el hombre es capaz de trabajar”, así lo plantea el Papa Juan Pablo II en su carta LABOREM EXERCENS, la cuestión del trabajo y su íntima relación respecto al hombre, quien, como ser superior abarcaron su dignidad todo lo que de él se deriva.

    Las creaturas al entrar en contacto con el hombre, por la obra de este, alcanzan la perfección, porque habiendo recibido la imagen y semejanza de Dios, el hombre participa y continúa la acción creadora de Dios.

    El Santo Padre exalta la actividad del hombre negando la existencia de un trabajo indigno, por más humilde que este fuera, pues al participar de la acción del hombre, participa también de su dignidad, la imagen de Dios impresa en el hombre, también esta impresa en toda labor humana.

    Es necesario tener una visión completa del hombre para poder profundizar en el contenido de su ser y percibir el valor presente en las obras salidas de sus manos.

    Como ser compuesto, el ser humano está formado de alma y cuerpo, esta doble composición está presente en todo lo que de él se deriva; el alma, sustancia espiritual, tiene una dimensión trascendente proyectándose más allá del mundo visible, el cuerpo es parte de la realidad material de la que se encuentra inmerso, de las cuales también el forma parte. Es inseparable este doble contenido en el hombre, en toda acción humana, todo él queda impreso, participando de la dignidad superior de su Creador, en ella el ser compuesto del hombre, materia y espíritu, esta presente de alguna manera, de esta manera, en el trabajo se espiritualiza la materia y el espíritu se reviste de materialidad.

    Por la encarnación del Hijo de Dios, la dignidad del trabajo alcanza su máxima expresión, pues al ser la naturaleza divina envuelta de corpórea materialidad, se recrea la obra creada en el origen. La Palabra en el principio estaba en Dios, por Ella todas las cosas salieron a la existencia, ahora, La Palabra “desde”, su naturaleza nueva, renueva la creación.

    Jesús fue obrero, llamado “El Hijo del Carpintero”, porque su padre José ejercía esta actividad, su divinidad hecha humana, realiza el trabajo y la impronta e su ser queda plasmada en la obra salida de sus manos.

    La encarnación de Jesús da una nueva dignidad al mundo creado y en particular a quien desde el principio fue creado a la imagen de Dios y ahora es hecho hijo de Dios, alcanzando un grado superior a toda criatura material o espiritual, el trabajo participa de esta grandiosa dignidad, en el plasma el hombre, toda la trascendencia de ser hijo de Dios.

    La encarnación de Jesús da una nueva dignidad al mundo creado y en particular a quien desde el principio fue creado a la imagen de Dios y ahora es hecho hijo de Dios, alcanzando un grado superior a toda criatura material o espiritual, el trabajo participa de esta grandiosa dignidad, en el plasma el hombre, toda la trascendencia de ser hijo de Dios.