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Columna

Evangelización e inculturación

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
10/02/2026 15:14

    Hace más de 500 años llegaron a estas tierras, juntos con los conquistadores, algunos misioneros que traían el lenguaje cristiano de salvación. Su marco cultural de referencia era el cristianismo de la Edad Media europea. La Reforma había marcado profundamente su eclesiología y su concepto de salvación. Los misioneros venían de una “civilización cristiana”, de una sociedad y de una cultura totalmente permeadas por el cristianismo.

    Ser cristiano, en la Europa de entonces, no significaba ser conforme al evangelio, sino simplemente pertenecer a la cristiandad. Ser cristiano era más una connotación sociológica y cultural, que una fidelidad al espíritu del evangelio, en la cristiandad a veces estaba presente, a veces ausente y otras veces en franca contradicción.

    El descubrimiento del hombre de América, por parte de los europeos, coincide con el nacimiento en el “viejo mundo” de un “hombre nuevo” que siente la necesidad de romper el, demasiado restringido, circulo de la cristiandad. Justo en esta época el hombre europeo lucha por renacer con el humanismo, que no es tanto la negación de Dios, como la afirmación del hombre.

    En el Siglo 21, la velocidad y la radicalidad de los cambios a nivel mundial, nos está anunciando la gestación de un humanismo nuevo, caracterizado por una diferente cosmovisión. Esta cosmovisión o “imagen del mundo”, es un esquema mediante el cual el ser humano se representa la realidad en su conjunto. Este esquema le sirve para organizar sus conocimientos y para interpretar los datos de la experiencia.

    La cosmovisión es siempre algo obvio en una determinada cultura; algo que se da por supuesto y que solo se cuestiona cuando los nuevos descubrimientos no encajan en ella no se explican satisfactoriamente desde sus principios. Es entonces cuando la conciencia colectiva del hombre entra en crisis, hasta que consiga construir otra cosmovisión que sustituya la tradicional.

    La cultura es una realidad muy polifacética y compleja, de ahí que se haya utilizado este término en un sin fin de sentidos. Ya habían elaborado no menos de 300 definiciones distintas de la cultura. También en el contexto de la evangelización se usa este término en sentidos muy diferentes.

    La primera evangelización de nuestro país vino envuelta en un molde de cristiandad. El propósito de infundir una nueva evangelización, implica, necesariamente, infundir el evangelio en una cultura que está naciendo. Esto no se podrá realizar sin la audacia y el valor de despojarnos de lo “medieval”, que a veces amamos más que el mismo evangelio.

    La mayor parte de las proposiciones de evangelización que actualmente se manejan en el país no llegan a replantear el problema desde la raíz. Vista a la lupa, habría que catalogarlas como un “nuevo maquillaje de una antigua proposición” (Es decir; no alcanzar a superar su matriz cultural de cristiandad).

    Solamente el diálogo sincero, abierto, confiado y real con el mundo de hoy, podrá fecundar una nueva evangelización que enriquezca la nueva cultura.

    La cosmovisión es siempre algo obvio en una determinada cultura; algo que se da por supuesto y que solo se cuestiona cuando los nuevos descubrimientos no encajan en ella no se explican satisfactoriamente desde sus principios. Es entonces cuando la conciencia colectiva del hombre entra en crisis, hasta que consiga construir otra cosmovisión que sustituya la tradicional.