Norah y Jorge Zuloaga
Hay quienes dicen que hay una crisis de valores, o que los valores que hoy se viven son muy diferentes a los que a ellos les tocó vivir, incluso hay personas que afirman que ya no hay respeto ni moral y que la juventud "ya no tiene valores".
También hay personas que reconocen que en todas las épocas, los jóvenes, han retado a la autoridad y han cuestionado los valores, buscado diferenciarse de los adultos, particularmente de sus padres, y distanciarse de ellos a través de actitudes y conductas que "chocan" con lo considerado como "aceptable".
Ambas posiciones son válidas; pues si bien es cierto que la rebelión y el rechazo a lo establecido han sido característicos de los jóvenes de todas las épocas; también es una realidad que el enfoque, la forma y la intensidad con que eso ocurre, se ven influenciados por las características de la sociedad en la que les ha tocado vivir.
Para los jóvenes de hoy, a la crisis personal propia de su edad, se suma la influencia que sobre ellos ejerce la sociedad de la información y de la tecnología digital, en la que: todo se mueve a gran velocidad; se cuenta con información al instante; hay un "bombardeo" intenso y constante de publicidad, imágenes, propuestas y contrapropuestas; se promueve lo "instantáneo", lo desechable, el consumo, el disfrute sin esfuerzo, vivir el momento y la cultura de lo "light".
Y todo eso, influye en su aceptación o rechazo de los valores.
EL ACTUAR DE LOS JÓVENES
Los valores son los principios, cualidades y virtudes, intrínsecamente valiosos o deseables, que son adoptados por una persona o grupo social y que al hacerlos propios, les ayudan a diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo mejor. Es decir contribuyen al desarrollo humano de las personas guiando su conducta, sus decisiones trascendentes y sus interacciones con otros.
Si los valores guían la forma de vivir y de actuar de las personas, es evidente que los valores de los jóvenes han ido cambiando, pues la forma como se comportan muestra enormes diferencias con el comportamiento de una o dos generaciones anteriores.
Pero eso no necesariamente quiere decir que todo está mal. Una visión equilibrada de lo que está pasando con la juventud actual requiere ver los dos lados de la moneda, lo positivo y lo negativo. Si bien es cierto que se han perdido algunos valores, también es importante reconocer que la juventud actual ha hecho resurgir y ha dado nueva vida a valores que están contribuyendo a inyectar elementos positivos a la sociedad actual.
LO QUE MUESTRAN LAS INVESTIGACIONES
En varios países de habla hispana, (Chile, Argentina, México, España) se han realizado encuestas para detectar cuáles son los valores con los que los jóvenes se identifican y que tienen mayor repercusión en sus vidas, es decir, los valores que los impulsan y animan.
Aunque existen varias y muy distintas investigaciones al respecto, se han encontrado las siguientes coincidencias:
-Se consideran más liberales que sus padres.
-Dan una mayor importancia a ganar dinero y ven al trabajo sólo como un medio obligado para conseguirlo.
-Les interesa mucho el éxito y el bienestar y si se logra fácil, mejor.
-Quieren disfrutar y vivir como les gusta, sin pensar en el "qué dirán".
-Consideran importante tener muchos amigos y conocidos.
-En mayor número aprueban las relaciones prematrimoniales, aunque siguen dando un gran valor a la fidelidad de la pareja.
-En su mayoría se manifiestan en contra del aborto.
-Han perdido respeto hacia la autoridad.
-La religión ocupa para ellos un lugar menos importante que para sus padres.
-Le dan menos importancia a la disciplina y a la moral.
-Muestran menos interés en la política como tal, pero están a favor de promover obras que ayuden a su comunidad.
¿QUE HACER?
Las causas de los cambios que se están dando en los valores juveniles son variadas y complejas, pero se ha demostrado que uno de los factores clave en la trasmisión de valores es la familia, aunque ésta ha ido perdiendo terreno.
Los padres de los jóvenes de hoy han mostrado una tendencia a la complacencia, la sobreprotección, dejar que las cosas sucedan, hacer concesiones y hacerse los desentendidos cuando los hijos están actuando mal o siendo irresponsables.
Por otra parte, la necesidad de reforzar el ingreso familiar ha llevado a ambos padres a trabajar jornadas completas, viéndose forzados a disminuir el contacto con los hijos, provocando que disminuya la dedicación y el compromiso con su formación, dejándolos en manos de la televisión, el entorno, los medios electrónicos y los compañeros, sin una adecuada supervisión u orientación.
Si de verdad hay preocupación e interés por cultivar valores en los jóvenes de hoy, esta labor debe empezar primero en cada familia, con el ejemplo y la guía de los padres; escuchando, involucrando y no imponiendo; pero guiando a los jóvenes para que sepan razonar, valorar y decidir con información y convicción.
Y después, formando alianzas con otras familias y a nivel comunidad, para sumar esfuerzos y avanzar en una misma dirección.
*El autor es licenciado en sociología y en economía, cuenta con maestría en administración y en desarrollo organizacional, y es consultor de empresas. La autora cuenta con estudios en Desarrollo Familiar. Correo electrónico: dffac@axtel.net