En una noche sin luna
los oídos se quedaron sordos,
la boca haciendo nudos con la lengua,
lagos derramados
en la cuenca de los ojos,
sábanas frías
y un tic tac de reloj
que desbarata el tiempo.
El día sin sol
llegó ante la penumbra,
una asfixia de pulmón
resonó en la tos seca
de las balas,
no hubo almuerzo acostumbrado
el sonido sordo de la muerte
seguía deambulando
por las calles sinaloenses
como perra hambrienta
deseando saciar su hambre.
Dias y noches sin soles y lunas
esperanzas caídas
en el tornado de la violencia
y un mar testigo mudo
que se mueve solo por rutina.