Fray Pedro de Gante
El 31 de mayo de 1523 llegan al puerto de Veracruz tres religiosos de la orden franciscana, procedentes de la ciudad flamenca de Gante, ellos eran; Pedro de Gante, Juan de Tocto y Juan de Aora. Los guiaba la ilusión de implantar una visión humanista, iluminada por la inspiración católica de la predicación en sus orígenes, visión que en la Europa después del medievo se había disipado.
Pedro cuyo nombre flamenco era Pieter Van der Moere había nacido en 1476, pero no se conoce el día, se especula que era hijo de Maximiliano de Habsburgo, aunque no se conocen los detalles de su niñez, era originario del condado de Flandes, Bélgica, en la localidad de Gante, de ahí su castellanizado nombre de Pedro de Gante.
Algunos llegan a decir, también, que Pedro de Gante tenía parentesco con el emperador Carlos V de Alemania y I de España, quien heredó de su padre Felipe II la frase; “En mi imperio no se oculta el sol”, haciendo alusión de que en las tierras del imperio, en algún lugar siempre estaba brillando el sol.
El carácter estadista de Hernán Cortez solicitó al rey Carlos V evangelizadores, a fin de dar un trato de respeto los habitantes conquistados en estas tierras, a lo cual el monarca accedió
El emperador le solicitó al Papa Adriano IV el envío de misioneros, lo cual el pontífice le concedió, de esta manera, Pedro de Gante y otros dos religiosos fueron seleccionados.
Sus compañeros en el viaje fueron, Juan de Aora, considerado como un hombre prudente y sabio y un sacerdote teólogo cuyo nombre en flamenco era Johan Dekkens, tomando el nombre castellanizado de Juan de Tecto, quien fue confesor de Carlos V. Los tres procedían de la comunidad Belga de Gante.
Después de su llegada, su primer destino fue la ciudad de Texcoco y su primera inquietud fue el aprender el idioma náhuatl, pues para ellos, procedentes de la universidad de Lovaina, era de gran importancia tener una comunicación desde el idioma de los habitantes de estas tierras, a fin de sembrar en ellas las enseñanzas de la doctrina cristiana.
Los estudios académicos en Lovaina le permitieron una visión humanista, en vistas a una inculturación de la Palabra de Dios, tal como sucedió con otros evangelizadores llegados a estas tierras, logrando un rescate y valoración de la cultura aquí asentada, esto le valió a fray Pedro de Gante la consideración de maestro y civilizador de América.
Su obra se puede considerar como la del maestro educador, empleando la lectura, el canto y la escritura, así como la enseñanza de artes y oficios.
Después de haber pasado la mayor parte de su vida en estas tierras, el 19 de abril de 1572, fray Pedro de Gante dejó este mundo, en la ciudad de México en donde dejó un gran legado para sus habitantes.