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Columna

Iman Maleki

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
19/05/2026 20:51

    Un pasado glorioso, una potencia a nivel mundial, en esa época, un arte delicado contrastando con la fuerza bélica esgrimida en sus actividades conquistadoras El antiguo pueblo persa hoy conocido como Irán, nos deja un legado, junto a otras culturas del remoto pasado, cobrando una vigencia desde hace 5000 años a. C.

    El espíritu prevalece y tiende a resurgir para seguir mostrándose desde la distancia del pasado hasta el tiempo actual. Arte e imaginación de antaño, pero hora con una sensibilidad no antes vista.

    Iman Maleki, un artista de la pintura, heredero de un legado pictórico que se extiende desde remotos ayeres y con su arte pictórico parece desafiar la moderna técnica de la fotografía de alta definición.

    Nacido en Teherán en 1976, desde su infancia fue el dibujo y la pintura, su pasión, teniendo la fortuna de tener como maestro a Morteza Katuzian, considerado como el más grande pintor realista que haya dado Irán.

    La fascinación por la sencillez de su patria natal lo llevó a plasmarla en los lienzos, que parecen hablar por si solos, desde la sencillez de un niño en sus infantiles juegos, hasta el drama de la gente en su diaria lucha de cada día para salir adelante.

    Su trabajo desde sus inicios fue expuesto y galardonado en su país natal, Irán. Solo el 2005 fue galardonado fuera de su país

    La técnica usada por Iman Maleki es conocida como el hiperrealismo, una técnica que pretende plasmar la realidad, a milímetro y si fuera posible átomo a átomo, en una búsqueda de la perfección e incluso de no dejar huella del trabajo del pintor y del pincel con el que se creó la obra.

    El realismo había nacido en 1920 con la pretensión de plasmar la realidad, siguiendo los pasos estéticos del arte de la fotografía, su objetivo fue crear una ilusión presentando las obras como objetos vivos.

    De los padres de Iman Maleki no hay referencia, todo lo que se conoce de él es en referencia a su obra pictórica.

    Ciertamente al contemplar alguna de sus obras, deja una profunda huella, no importa que la contemple un neófito, que hace sentir cercano, el mundo, nuestro mundo, el mundo de todos.