|
Columna

Jesús, el pan de vida para el cuerpo y el alma

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
28/04/2026 16:42

    No es como el maná que comieron en la travesía del desierto, que solo alimentaba el cuerpo, el nuevo pan de vida, Jesús, otorga una vida que no termina con la actual vida en este mundo, sino que trasciende hasta la vida eterna.

    El alma y el cuerpo forman una unidad en el misterio llamado humanidad, haciendo proclamar al salmista; ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, lo hiciste inferior a los ángeles, pero coronaste de gloria y dignidad?

    La encarnación de Jesús consistió en asumir desde su naturaleza divina, la naturaleza humana unida intrínsecamente a ella.

    El hombre total es Salvado en el misterio la encarnación, la cual culmino con la entrega total en la pasión de Jesús; Dios y hombre verdadero.

    Como memorial de su entrega completa, Jesús tomo un pan, hecho de elementos materiales y el mismo modo el vino y decide transformarlos en su cuerpo y en su sangre para que, al servir de alimento vitalicen al hombre en su alma y en su cuerpo en un signo perene de su permanencia en este mundo.

    “yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. La materia un día adquirió vida, separándose inercia de la sola materia, un fenómeno que actualmente trata de explicar el conocimiento racional valiéndose de los elementos de la demostración científica.

    Pero ese fenómeno llamado vida, emanado de misma esencia divina de la cual emanó toda la existencia del cosmos, un día se separó de su origen, por el cual tuvo su presencia desde la materia inerte dando origen a la aniquilación de la vida: La muerte.

    Creado el hombre para la vida no puede adaptarse naturalmente a la muerte, por lo cual instintivamente evade del tema. Solo la perversión la acepta en su mente como causa válida y justa, llegando hasta el extremo de hablar de guerras santas.