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Columna

La ceguera de Bartimeo

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
14/07/2026 16:14

    La calidez del árido ambiente motiva la animosidad de los transeúntes, envueltos por un destino enmarcado por el fatalismo y la sumisión, agravado por la insaciable búsqueda de intereses egoístas de parte de las clases dominantes.

    A través del rumor del candente viento, se percibe la cada vez más cercana presencia de del grupo que transita hacia Jericó, mientras Bartimeo continúa sentado en la labor a la cual su situación le tiene confinado.

    En lo profundo de su ser una esperanza empieza a gestarse; las voces empiezan a revelar la presencia del taumaturgo de Nazareth, Él es quien visita aquella población, legendaria puerta de entrada a la libertad, siempre anhelada y siempre efímera, debido a la ostentación del poder humano.

    La pérdida de la visión le había privado de la contemplación de la belleza maravillosa del mundo material, causándole un nostálgico sentimiento, pero también había sido una ocasión de poder percibir un mundo profunda, cuya riqueza se genera en la carencia misma, desarrollando un agudo sentido de sensibilidad, ausente en otras circunstancias.

    La esperanza nace en Bartimeo, su ceguera externa, se convierte en luz externa, capacitándolo para ver lo que los demás son incapaces de ver y el paso de Jesús, al acerarse, ya es para él una verdad objetiva, haciéndole renacer la fuerza de la fe: Él es quien tiene el poder de la divinidad, tal como lo contemplado desde las tinieblas de su oscuridad.

    Su voz, en grito, se dirige a Jesús con entusiasta determinación y sin ninguna vacilación, revelando sus sentimientos, porque ha descubierto al anunciado en las Sagradas escrituras “¡Jesús, Hijo de David, ¡apiádate de mí!”

    Bartimeo ha reconocido en Jesús, al hijo de David y en Él al Dios de los vivos, no él de los muertos. Es el clamor de toda una humanidad invadida por las tinieblas que la someten a caminar ciegamente en un sendero, por el cual otros la conducen desde su propia ceguera, en busca de sus egoístas intereses, finalmente todos padecen daños que mutuamente se han causado.

    Jesús se dirige a él; “¿Qué quieres que haga por ti? Señor que vea” la respuesta es contundente “tu fe te ha salvado”. La confianza de la fe no se apoya en la certeza de las pruebas tangibles, sino en la cereza del poder de Dios, más allá de lo que veamos desde nuestra abrumadora realidad, nos mueve a luchar con entusiasmo aún en la misma adversidad, invitándonos a ser optimistas a pesar del pesimismo que nos rodea.