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EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA

La impronta de Dios en el hombre

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
26/05/2026 16:22

    En un infinitamente pequeño punto de la eternidad el tiempo y el espacio inician su ininterrumpido recorrido, expandiéndose hasta abarcar la profundidad de lo infinito.

    Una arena perdida en la inmensidad de las galaxias, lugar central que evoca el misterio de la existencia, centrado en el impulso iniciador de la existencia, desde la imagen en la semejanza del origen de todo origen.

    En el principio la Palabra fue aliento e impulsividad creadora, antes de todo lo creado, fue existencia pura, sin un principio y que nunca tendrá fin.

    Tiempo y espacio se extienden y se contraen en continuidad retroalimentada, desde y hacia un punto llamado eternidad, presente en la eterna mente de quien se origina el misterio sin origen y sin fin.

    El hombre, un misterio, destinado a nunca tener fin, solo puede ser explicado desde un eterno principio originado en la mente de su creador, por el cual y en el cual siempre ha existido y siempre existirá.

    El ser humano impronta divina para convertirse en culmen de la obra salida del mismo creador del cosmos, llamado a ser, de creatura, convertirse en creador junto a su mismo creador, en el mismo cosmos, con la misma energía que de él emana.

    Destinado a ser dominador de la existencia en el tiempo-espacio, el hombre tiene la gracia de pertenecer a la luminosidad, la terrible y latente opción apartarse de la luminosidad de su origen remota parecía, pero la oscuridad le atrae, condenándolo a apartarse de su destino que le hacía dominador del cosmos a quien debía de someter.

    El hombre y el cosmos sin de su origen, solo sería un caos orbitando en la profundidad de la nada, pero perder su origen, cuando ya lo tenía se convertiría en desgarrador vacío al perder lo que ya se poseía.

    Perder el origen será vivir la tragedia del nihilismo causado por la culpabilidad que se vuelve hacia quien vive su propia culpa.

    Solo la gesta redentora de quien fue agredido, habiendo sido quien en infinita generosidad dio origen a la criatura ahora la convierte en parte de sí mismo.

    El misterio del ser humano, parte del cosmos, pero desde el mismo cosmos se dirige hacia la recapitulación restauradora de lo que es y será la plena manifestación de quien lleva la impronta de su Creador.