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Saber vivir

La muerte y la resiliencia

07/02/2026 11:39

    Cuando experimentamos una pérdida, esta nos lleva al proceso del duelo, y el duelo no solo implica tristeza, sino también se involucran factores cognitivos, emocionales, sociales y culturales que influyen en cómo se experimenta dicho duelo, varios estudios muestran que tener una red de apoyo, así como recursos internos de resiliencia, está asociado con un duelo más adaptativo. La intensidad, duración y manifestaciones del duelo varían mucho según las personas, el tipo de pérdida (muerte, desaparición, pérdida simbólica, pérdida esperada o inesperada), su contexto social y psicológico.

    Debo aclarar que el duelo intenso o prolongado puede asociarse con mayor riesgo con problemas físicos, uso de servicios de salud, depresión, ansiedad o trastornos de estrés postraumático. Las intervenciones tanatológicas y el acompañamiento social, pueden ayudar a aliviar síntomas de duelo, depresión o ansiedad, especialmente en casos de duelo complicado.

    El duelo como lo hemos explicado en artículos anteriores es el proceso psicológico, emocional y social que vivimos después de una pérdida significativa, yo les digo a mis pacientes que el duelo es cómo nuestra mente reacciona a la pérdida que estamos viviendo.

    La pérdida puede ser: la muerte de un ser querido, rupturas afectivas, pérdida de la salud, pérdida de un trabajo, pérdidas simbólicas (identidad, proyectos, roles), el duelo implica emociones como la tristeza, shock, culpa miedo, coraje, negación, desorientación, ira y nostalgia. No es lineal para todas las personas.

    La resiliencia es la capacidad de adaptarse, recuperarse o transformar la propia experiencia después de una situación adversa. No significa “no sufrir” sino encontrar formas de seguir adelante, reorganizar la vida y darle un nuevo significado a la pérdida. Es la fuerza interior que tenemos para recuperarnos de la peor adversidad.

    La resiliencia actúa como un factor protector durante el duelo, no elimina el dolor, pero ayuda a dar sentido a la experiencia, las personas resilientes buscan comprender la pérdida, integrarla en su historia de vida y construir un nuevo propósito, con la resiliencia se llega a regular mejor las emociones intensas, manejan más eficazmente la tristeza, ansiedad, culpa, ira, nostalgia, sin negarlas, se aprende a pedir y aceptar apoyo social, la resiliencia favorece la conexión con otros, lo cual es crucial con otros en el duelo.

    Sobre todo, la persona resiliente mantiene la esperanza y la autoeficacia, se mantiene en la creencia en la capacidad de reconstruirse, adaptándose a un nuevo yo después de la pérdida, el duelo no es volver a ser como antes, sino integrar la pérdida en una versión diferente de uno mismo.

    Los factores que aumentan la resiliencia en el duelo son autoconciencia emocional, creencias positivas sobre la capacidad de superación, el poder ver alternativas, espíritu de propósito o trascendencia, habilidades para afrontar, contar con apoyo social (familia, amistades, comunidad), rituales culturales y religiosos, la importancia del acompañamiento terapéutico, entornos que valida el dolor, y estabilidad económica y social.

    La resiliencia predice una adaptación más saludable al duelo, el duelo no solo implica sufrimiento también puede generar crecimiento postraumático, las personas con mayor resiliencia procesan el duelo sin negar la pérdida ni evitar el dolor, sino integrándolo, el apoyo social es un pilar para desarrollar resiliencia durante el duelo.

    La resiliencia no elimina el duelo, a veces se confunde resiliencia con “superarlo rápido”, o “ser fuerte”, eso es falso. La resiliencia permite transitar el duelo, no evitarlo, se puede llorar, sentir nostalgia, tristeza y aun así ser resiliente.