María Julia Hidalgo López
Excesivo aprecio de sí mismo y desprecio de los demás, falta de humildad; arrogancia, eso dice el diccionario sobre la Soberbia. Con todo su significado y siendo la soberbia uno de los siete pecados capitales, Enrique Serna no tuvo reparo en hacerla presente para titular su obra más reciente Genealogía de la soberbia intelectual.
Crudo y directo, sin dejar nada a la imaginación, el nombre en sí anticipa un tratado provocador y nada indulgente. Serna menciona que desde su época de estudiante "quería tener una visión de conjunto de las élites del saber en distintas épocas y culturas
delinear la evolución histórica del elitismo, el esnobismo y la pedantería", he aquí el resultado.
La maestría de Serna en el manejo de los personajes, sus fantásticas minucias en el desarrollo de la trama, la valentía de su denuncia, entre otras, es algo que me ha hecho seguir al autor de El miedo a los animales. Es así como me he dejado seducir por el ensayo que ahora presenta en Genealogía de la soberbia intelectuaL, donde muestra cómo y quiénes, a través de la historia, han marcado línea de aquellos y aquello que se debe seguir, por tanto aplaudir, en el mundo de las letras. En la introducción Serna deja claro que el título alude a un clásico de la filosofía, la 'Genealogía de la moral' que leyó en su juventud con una mezcla de júbilo y repulsión.
Del monopolio de la escritura Serna escribe en las primeras páginas de su libro "La escritura es la llave maestra del conocimiento, y quizá por eso, los sacerdotes de las civilizaciones antiguas la consideraban una propiedad privada. Qué los sabios instruyan a los sabios, porque los ignorantes no saben ver, dictaminaban los escribas de Mesopotamia en el colofón de todos sus textos. Para ellos la escritura no era un arte aprendido, sino una cualidad innata que los ponía por encima del resto de los mortales".
En la introducción, Serna aclara que ha tenido que hacer resúmenes históricos y dar explicaciones que tal vez el lector bien informado no necesite o sólo necesita para refrescar la memoria; entre éstos se encuentran el monopolio de las lenguas cultas y el uso de autoridad para reprimir la crítica. Por lo tanto ahonda en temas de filosofía, ciencia política, historia de las religiones, psicología y artes plásticas. Una de sus finalidades, menciona, es reconstruir el ADN del poder cultural autoritario y de qué recursos se vale para intimidar a los espíritus libres.
En el capítulo: Ciencia sin caridad, Serna describe: "Los políticos buscan abiertamente la supremacía; los intelectuales, por el contrario, creen actuar con un noble desinterés y eso les impide, por lo general, ponerse en guardia contra sus ambiciones mal reprimidas".
También desglosa a detalle el analfabetismo inducido, el odio al vulgo profano y el lenguaje críptico. ¿Cuál ha sido el papel de Copérnico, Galileo, Aristóteles, Ptolomeo, Nietzsche, Mallarmé, Schopenhauer, Flaubert, Ortega y Gasset, el propietario de la cadena Fox y el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga, por citar sólo algunos, para sacudir de la pereza mental a sus adeptos?, ante la observación de Serna un contraste que ha confundido a muchos.
Un libro de 402 páginas y diez capítulos temáticos que van desde la antigüedad a nuestros días. Citas y referencias que enriquecen y convierten a Genealogía
en un libro que reivindicar el papel pedagógico de la literatura y que invita a una verdadera independencia intelectual.
Idolatría de los clásicos, el vacío de poder cultural, la inteligencia iletrada, la ignorancia de los doctos, la escenografía libresca, el superhombre amargo, hipertrofia del intelecto; sólo algunos de los conceptos recomendados.
Los detractores de Enrique Serna lo han llamado igualmente soberbio por caer en los mismos vicios que tanto critica, al pretender decir lo que un artista o lector debe hacer. Cualquiera que sea la postura del lector, lo que sí se encuentra en Genealogía de la soberbia intelectual es, además de erudición, congruencia con toda su obra.
Un ensayo que resultará incómodo para muchos y que una vez más coloca a Serna en el ojo del huracán. Una invitación a leer un contenido sin filtros elitistas ni mercadológicos, como todo lo que Enrique Serna escribe.
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