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"Letras para la memoria"

"No sabía de qué manera agradecerte personalmente y hacerte saber la vorágine de sentimientos que provocaste en mí durante la lectura de uno de tus libros al que pusiste como título El ángel negro"
16/11/2015 10:56

    Carta para Antonio Tabucchi
    Alma Vitalis

    Querido Antonio:

    No sabía de qué manera agradecerte personalmente y hacerte saber la vorágine de sentimientos que provocaste en mí durante la lectura de uno de tus libros al que pusiste como título El ángel negro; y, como en la literatura todo es posible me di a la tarea de escribir esta carta con destino al más allá, a la dimensión de los genios como Julio Verne, Juan Rulfo, Fernando Pessoa, Miguel de Cervantes Saavedra, J.R.R. Tolkien, Jorge Luis Borges, Dante Alighieri... aunque lo más seguro es que ahora mismo estés en las profundidades del mar, dentro de tu escafandra, caminando entre grutas coralinas y bosques de algas acompañado del Capitán Nemo, mientras un Nautilus fantasmagórico espera en la superficie.
    Déjame decirte que a últimas fechas me cuesta mantener una lectura que de entrada no me prometa y me comprometa. Siempre lo sospeché, pero ahora estoy segura de que existen diversos factores que influyen en esa comunión entre lector-autor, conspirando en los encuentros y que nada tiene que ver con lo terrenal. Llego a la conclusión de que todo tiene un tiempo y un momento: era nuestro momento, Tabucchi.
    Sí, he leído y gozado las obras de ciertos anónimos y desdeñado a clásicos sobrevalorados para mi gusto. He tenido el privilegio de deletrear autores que me han hecho sentir de mil maneras que la vida lectora, sin duda, vale la pena.
    Pensé que después de dejar a Ramón Rubín no encontraría algo mejor, y mira que estabas en lista de espera junto a Roberto Bolaño y Juan Carlos Onetti desde el año pasado (lo siento), que te encontré en Guadalajara, después de varias horas leyendo reseñas, porque discerní desde hace tiempo que las recomendaciones no son del todo buenas por las razones que ya te mencione al inicio.
    Cuando comencé a leerte en el primer cuento, mis problemas de concentración, mis ideas y pensamientos revueltos entre sí me obligaron, como siempre, a regresar al inicio una y no sé cuántas veces más, porque mientras más me introducía en la historia tenía la sensación de que me dabas una lección de narrativa, así que me apliqué a analizar, así, deliberada y concienzudamente.
    Pude descubrir en tu libro-mundo-inventado, las vías, el taller que, como preciso cirujano (corta y pega no computarizado, más bien artesano), manipula en el origen de las ideas, la construcción y estructura de textos, diálogos, creación de personajes realistas y surrealistas. En estos seis cuentos me soltaste las redes y sin más remedio caí en la trampa. Una vez cautiva, me tendiste las cartas sobre la mesa para empezar el juego como en una partida de póker.
    La creatividad sin orillas, el simbolismo, el inteligente sentido del humor, la belleza que nace de lo oscuro, entre el surrealismo y existencialismo. Escribir no sólo es contar, y eso lo sabes mejor que nadie. Contar; haciendo gala de una imaginación portentosa. Contar a través de la imaginación de otro; contar los pensamientos de otro; ser el otro con su imaginación.
    Contar tu versión desde la visión del otro. Un contar fragmentado, cuento tras cuento, unidades redondas que tienen la habilidad de empezar y continuar donde les da la gana, como en una cadena de clips, con un principio que también es un final, de esos finales que continúan después de dejarte sin aliento y las ideas en shock.
    Una antología que quiere ser novela, donde el narrador de mirar periférico habla de tú con el imaginario del imaginador que describe desde una realidad muy lejana. Un todo ligado: voces-meros-bromas-truchas-ángeles-lucios.
    "¿Dónde empieza una historia? Pensó que las historias no empiezan, las historias suceden y no tienen un principio. O al menos ese principio no se ve, se escapa, porque estaba ya inscrito en otro principio, en otra historia, el principio es sólo la continuación de otro principio. Sin embargo, es necesario empezar por alguna parte".
    El principio es relativo, dilucidas a través de uno de tus personajes en el cuento Aserrín, aserrán.
    "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me dejes sola", reza la protegida del Ángel negro; y este mismo ángel vuela como una mariposa, como una confesión, hasta el último de los cuentos: Nochevieja. En la vida de Duccio, como saltan los peces y las voces de cuento en cuento, incitando la ilación.
    Después de cada cuento te desafiaba: ¿Y cómo vas a superar esto, eh? Y lo hiciste, lo hiciste Antonio y cada vez mejor, al grado de producir en mi conciencia un estado de quietud y de estupor. Ahora tendré que aprender a tamizar la enseñanza, el regalo. Tendré que aprender a vivir, por ahora, con la idea de la coincidencia de nuestro encuentro, porque las coincidencias no existen Antonio... y luego un día, nos encontraremos ahí, en el Nautilus.

    Per sempre vostri

    Alma Vitalis
    Escritora y promotora de lectura radicada en Mazatlán. Es autora de las novelas "Instrucciones para matar al enemigo" y "Reposo absoluto".