Guianeya Román
En 1966, el musicólogo Francisco Moncada García entregó a la imprenta un manuscrito titulado Pequeñas Biografías de Grandes Músicos Mexicanos, el libro circuló bajo el sello de Framong con un tiraje de 2 mil ejemplares más sobrantes de reposición.
El texto es una compilación curricular de varios músicos nacionales; muchos de la transición del siglo 19 al 20, la mayoría de ellos poco recordados actualmente, pero, en su época además de brillar por su talento destacaron por la entrega con la que formaron nuevas generaciones.
Como cualquier enumeración ni son todos los que están, ni están todos los que son; entre los nombres por demás difundidos como Julián Carrillo, Salvador Contreras, Carlos Chávez, Ángela Peralta; se encuentran otros como: Macedonio Alcalá (1831-1869) un imponente teatro oaxaqueño lleva con orgullo el nombre de este violinista y compositor autor del vals Dios nunca muere.
Desde niño demostró poseer ese innato talento musical que caracteriza a los de su estado. Dicen que además de buen violinista poseía una maravillosa facilidad para improvisar, y tenía conocimientos de composición e instrumentación.
Cuentan que tocaba el piano, todos los instrumentos de cuerda y varios de aliento.
Lamentablemente Macedonio no puso en papel sus obras, y todo lo que se conoce de él proviene de la leyenda forjada entre los que lo conocieron. Por esa oralidad se conoce la historia alrededor de Dios nunca muere.
El año de 1867 fue tormentoso en México, el músico emigró de su estado natal con su esposa y tres hijos. Buscaban un mejor futuro pero las carencias económicas empeoraron; de ahí que regresaron dos años después en la miseria total, la Sociedad Filarmónica de Oaxaca, llamada Santa Cecilia, de la que Macedonio había sido miembro fundador, los acogió.
Un compadre le proporcionó un cuarto donde vivir y el artista agradecido escribió el famoso vals que regaló a su benefactor; quien poco después la publicó como propio; por muchos años el impostor gozó del reconocimiento, hasta que otros miembros de la Sociedad Santa Cecilia reivindicaron al verdadero autor. Generalmente cuando se habla de "grandes músicos" se ignora los triunfos de "las músicos"; el nombre de Fany Anitúa Yánez (1887-1968) es poco conocido fuera del círculo musical; sin embargo poseedora de una asombrosa voz de contralto conquistó los escenarios del mundo.
En su natal, Durango realizó sus primeros estudios e inició su experiencia en los escenarios, a los 18 años ingresó al Conservatorio Nacional, y dos años más tarde partió a Europa con una beca otorgada por el presidente Díaz, quien le dijo "Para venir a México, (de Durango), necesitó usted la recomendación de Leandro Fernández (gobernador del estado); para ir a Europa, se recomienda usted sola".
Debutó con Sigfrido de Wagner en la Scala de Milan en 1910; después triunfó en París, y en el Teatro Colón de Buenos Aires. Como gran estrella Europea regresó a México en 1912, se presentó en los escenarios nacionales durante un año antes de ir a Estados Unidos, volver a Europa, de nuevo visitar los teatros sudamericanos. Compartió escenarios con el inigualable Caruso. En 1942 fijó su residencia definitiva en la capital Mexicana, se entregó a la docencia y fue miembro fundador del seminario de cultura mexicana.
De entre los 62 biografiados destaca el culiacanense Alfredo Carrasco Candil (1875-1945) organista y compositor; su padre Francisco Javier Carrasco era periodista y la familia emigraba constantemente hasta que radicó en la capital tapatía en donde creció y se formó Alfredo.
Las primeras notas las aprendió del destacado flautista, Andrés Tenorio; pero sería el organista Francisco Godínez quien lo guió, de tal forma que a los 13 ya había firmado valses y polcas. A los 16 fue maestro de solfeo de la escuela en la que aún cursaba estudios y a los 24 después fue nombrado organista de la catedral de Guadalajara y maestro del coro infantil del sacro recinto.
Su producción fue muy extensa, abarca música popular de la época, de cámara y sinfónica, varios géneros sacros incluyendo un Réquiem (1943); una ópera en dos actos llamada El Bufón. Se le recuerda por una canción titulada Adiós, a la que se le identifica como El Adiós de Carrasco la cual fue concluida cuando apenas tenía 22 años.
Mañana, a las 20:30 horas, en el teatro Pablo de Villavicencio, la OSSLA acompaña el tradicional concierto Cantando para ti, auspiciado por la Universidad Católica, no falte.