"ÓSCAR LIERA/ Un niño travieso y creativo que soñó con ser actor"
CULIACÀN._ ¿Qué niño no es curioso, juguetón, creativo? Óscar Cabanillas Flores fue eso, pero también fue un pequeño que entre sus títeres soñó en ser un gran actor.
Adelina Cabanillas lo recuerda así. Inquieto siempre, travieso y de ocurrencias persistentes, que cualquier momento lo convertía en juego: la hora de comer, la hora de dormir, al ir por la calle, hasta ser amonestado por sus padres, Adelina Flores y Óscar Cabanillas Zambada.
A su hermano, el del medio, le gustaba además inventar sus propios juegos. Junto a sus hermanas, Carmen María, la mayor, y Adelina, la menor, y sus amigos a diario se divertían jugando a las "bolichis".
"En el patio hubo por varios años tres lustrosos hoyitos que absorbían parte de nuestro tiempo y teníamos varios juegos de mesa porque mi madre en su afán de mantenernos encerrados nos los compraba: loterías, dameros, rompecabezas, el juego de la oca, serpientes y escaleras, damas chinas, el juego preferido de nuestra abuela materna", relata Adelina.
"Por las noches, casi a diario, vecinos y primos jugábamos a lo que jugaban los niños de esa época, la rabia, los encantados, a los colores, beisbol, al bombardeo, a la salta la piedra, a la cuarta escondida, al teléfono descompuesto, al stop, a las estatuas de marfil, a la monja y el diablo, a las escondidas y muchos, muchos juegos más...".
Como todo niño, tuvo sus "cómplices". Uno que Adelina recuerda como su primer amigo y socio en cuanta empresa, ya sea de "cine" o "títeres" emprendía fue Jaime Hermosillo Lizárraga (qepd), pero asegura que tuvo muchos amigos.
En ese pasaje de la primavera de la vida de Jesús Óscar, un personaje detonante de sus inquietudes fue su hermana Carmen María, quien fue una niña prodigio que escribía poesía, prosa y teatro.
"Ella lo inició en esa locura del teatro. Escribía una obra y convocaba a los primos Aspinwall Orozco, a nuestros vecinos, Hermosillo Lizárraga, Bueno Araujo, Guerrero Rivas y a nosotros dos.
"Nos entregaba los libretos y por las tardes ensayábamos. Era muy riguroso. Escenificaba la obra en el portal de la casa y salía a invitar a los vecinos. A Óscar le maravillaba participar como actor. Disfrutaba enormemente de la actuación y desde esos momentos, tal vez, soñaba con que algún día sería actor".
En aquella casa marcada con el número 4, ahí frente a El Llanito, vivía un adolescente tímido para muchas cosas, pero muy desenvuelto para otras.
Se emocionaba cuando llegaban las vacaciones. Él y sus dos hermanas se iban en tren a Guadalajara, iban a visitar a sus primas, pero también, él iba a "surtirse" de bromas y nuevos protagonistas de sus historias fantásticas: los títeres.
"Él por supuesto que llevaba sus ahorros y el mismo día que llegábamos nos íbamos al centro a una casa de bromas que creo que se llamaba La Ciudad de Praga, ahí pasábamos horas viendo, preguntando sobre la mercancía, escogiendo las mejores bromas, riéndonos a más no poder imaginando las caras de los incautos a quienes haría tal o cual broma", cuenta.
"Su cara de satisfacción era tan grande pues ya tenía asegurada su diversión por varios meses, hasta nuestro regreso en las próximas vacaciones".
Otro día, la salida era al mercado de San Juan de Dios, donde compraba los títeres. No le quedaba ni un cinco en la bolsa, pero eso no le importaba. De regreso en Culiacán, desempacaba la mercancía y a divertirse se ha dicho.
"Nadie escapaba de sus bromas, la familia, los compañeros de clase, los clientes del abarrote, los vecinos, nadie se salvaba".
Tras ver la cara de sus "víctimas", entre ellas se contaba a Pachita, la señora que ayudaba en su casa, no paraba de reír y reír.
Jesús Óscar dedicaba mucho más tiempo a sus actividades que al estudio. La escuela le quitaba tiempo y muy poco le importaban las buenas calificaciones, como tampoco que la profesora Emilia Obeso, directora de la escuela Anexa a la Normal, le jalara de los "chivitos" cada viernes que en fila pasaba ante su presencia con la libretita de calificaciones en mano.
Empresa y ahorros
Junto a Jaime Hermosillo, Jesús Óscar creó toda una empresa, narra Adelina. Primero con la proyección de películas en su casa, a la que ningún niño entraba sin pagar.
Para sus gastos en títeres y la adquisición de bromas -como aquel miralejos al que le llenaba de tizne un lado para que al quitarlo quedara un círculo negro alrededor de un ojo-, rentaba cuentos afuera de su casa y vendía guayabas que cortaba en la casa de la abuela materna.
Era un niño ahorrativo con propósitos. Guardaba el dinero que le daban las tías o las abuelas, también daba funciones de títeres y cobraba. Incluso se empleaba con don Óscar, su padre, para cuidar por horas el abarrote que tenía y al que nunca le gustó atender; ni tampoco el oficio de comerciante.
"Se sacrificaba para obtener dinero y de esa manera, poder ir alcanzando las metas que se proponía. Siempre fue así, venciendo obstáculos, saliéndose 'con la suya', como le decía mi mamá", explica Adelina.
Pero conversar con los clientes, hacerles bromas y, sobre todo, reírse con sus reacciones ante los sustos que les propinaba o las bromas que les jugaba, eso sí le gustaba, le divertía enormemente.
"Le atraía sobremanera las diferentes reacciones de las gentes ante un mismo estímulo. Creo que todas las experiencias que tuvo de sus juegos de niño y adolescente, fueron cimientos muy sólidos de su preparación teatral",considera.
Después él y Jaime Hermosillo se convirtieron en titiriteros. Destinaban horas en la creación de los libretos, ensayaban diferentes voces para cada títere, ensayaban las funciones ya en el teatro que hicieron de una gran caja de madera.
"Y mi mamá también ayudándoles. Ella escogía las telas para los diferentes telones, les hacía nuevos trajes a los títeres, así fue siempre, le auxiliaba en todo lo relacionado en la costura. Y cuando mi hermano se quiso ir a México a estudiar actuación, ella puso el grito en el cielo. La verdad es que ella lo hacía para tenerlo ahí en la casa".
Ese Liera niño creció en un Sinaloa pródigo en historias fascinantes, leyendas, pláticas de entierros y aparecidos, acontecimientos extraordinarios de épocas pasadas, cuentos, relatos, mitos, anécdotas y sucesos que lo nutrieron desde pequeño.
Algunas de esas fascinantes anécdotas que escuchó en su infancia las retomó posteriormente para llevarlas al teatro.
"En Sinaloa encuentra a los protagonistas: a sus héroes, bandidos generosos, seres míticos, mujeres fuertes, gobernantes, hacendados, bandidos, caciques, dementes, y personajes más que formaban parte de la cultura provinciana", señala.
"Pasado el tiempo, después de penurias, soledades, hambres, contradecir a mis padres, años de preparación académica, arduo estudio y trabajo actoral, reveses que le dio la vida, viajes, descubrirse como escritor, etcétera, pues las retomó y engrandeció".
Obvio que decirlo es muy fácil y se dice en un santiamén, agrega, pero a él, como a tantos que luchan por conseguir sus sueños, le fue muy difícil.
"Si pienso en "El Jinete", por ejemplo, te diré que la historia la conoció desde niño. Doña Luisa Rodríguez de Vidales, vecina nuestra y abuela materna de Jaime Hermosillo se las platicó tanto a él como a sus nietos, recuerdo a Óscar y a los demás niños sentados alrededor de 'Ma'Luisa', que así le llamaban, y Óscar embelesado. Al llegar a la casa nos contaba la historia".
Adelina vive cada etapa de su hermano como si no hubieran pasado 25 años de su deceso, como si lo viera en un escenario. Recuerda a veces nostálgica y otras entre risas al Óscar niño que disfrutaba chapotear en la lluvia, "perderse" en lecturas interminables, con una gran imaginación pero con poco dinero.
"Lo recuerdo como un ser humano entrañable a quien quise y extraño tanto. De una gran generosidad y sensibilidad. Poseedor de un excelente sentido del humor y un enorme talento".
La hermana atesora el legado de aquel niño de gran imaginación que soñó con ser actor y llegó a ser un gran dramaturgo, maestro de teatro, un Óscar Liera que trascendió fronteras con su arte, quiere que sea recordado como un ciudadano ejemplar con una gran conciencia social, comprometido con su país, con su estado y ciudad, por su conducta ética, incorruptible, contestatario y muy valiente.
FAMILIA
- Jesús Óscar Cabanillas Flores fue el segundo hijo de Óscar Cabanillas Zambada y Adelina Flores Carrillo; él originario de Las Flores, Culiacán, se dedicaba al comercio, a las labores del campo y además trabajaba en el Ferrocarril del Pacífico; ella, originaria de Imala, fue maestra de la primaria Ruperto L. Paliza (matutina).
- Sus hermanas Carmen María, la mayor, muere antes de cumplir 15 años; Adelina es la menor.
- Óscar Liera estudió Arte Dramático en el INBA, en la Universidad de la Sorbona, Francia; en la Universidad de Vicennes "Stages du Théatre"; en la Universitá degli Studi de Siena.
- Estudió también, la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM.
- Fue director fundador del Taller de Teatro de la UAS (1982-1990).
- Fue poeta y dramaturgo. Algunas de sus obras emblemáticas son "Camino rojo a Sabaiba", "Los negros pájaros del adiós", "El Jinete de la Divina Providencia", "Las juramentaciones", entre otras.