Entramos a un nuevo año y si somos observadores nos damos cuenta que venimos arrastrando un cúmulo de pérdidas emocionales, que si no resolvemos las experimentaremos el resto del año. Las pérdidas emocionales predominantes en el 2026 que son más visibles no por nuevas, pero se profundizaron y se volvieron más normalizadas:
Pérdida de estabilidad psicológica. No solo económica, emocional y mental. La incertidumbre sostenida genera cansancio psíquico, hipervigilancia y ansiedad de fondo, se vive “funcionando”, no habitando la vida.
Pérdida de sentido de esfuerzo. Actualmente se ha observado a muchas personas que sienten que esforzarse no garantiza nada, esto altera y rompe el vínculo entre trabajo/proyecto/ futuro y favorece conductas impulsivas o resignadas.
Pérdida de identidad auténtica. La identidad está expuesta y cada vez depende más del exterior que nos rodea (redes, consumo, imagen), existen personas que llegan a confundirse y perderse en quien soy, que muestro o que tengo. Se presenta una identidad frágil, con una autoestima inestable, autoexigencia excesiva, vergüenza constante, miedo al fracaso, y un sentimiento de nunca sentirse suficiente.
Pérdida de conexión emocional real. Actualmente, se presenta más comunicación, pero a la vez menos vínculo, aumenta la soledad, pero funcionamos, la gente se siente rodeada, pero también se siente emocionalmente aislada. Personas que interactúan, trabajan, y hablan, pero no se sienten vistas, sensación de vacío, dificultad para pedir ayuda, aislamiento emocional, esto aumenta depresión y ansiedad social
Pérdida de tolerancia al malestar. Algo que se está observando es nuestra poca tolerancia a perder el equilibrio físico y mental y gradualmente se volvió difícil sostener la incomodidad, la espera, el dolor o la frustración. Se busca alivio inmediato a costa de lo que sea no importa el gasto. Baja tolerancia al malestar, conductas adictivas, consumo compulsivo, uso excesivo de pantallas, que se ha convertido en una mala comida emocional, trabajo sin pausa, son intentos de regulación emocional fallidos.
Pérdida de límites internos, menos registro del “hasta aquí puedo”, se está notando en cierto sector de trabajadores sobre todo medio- alto excesos de trabajo, de consumo, de endeudamiento y de exigencia. Cuando se pierden los límites se puede presentar el ya famoso burnout, pues no se sabe cuándo parar de trabajar, se llega al agotamiento extremo, irritabilidad, cinismo, desconexión emocional, el cuerpo frena lo que la mente no puede.
Pérdida de confianza colectiva. Esto es algo muy notorio y preocupante, la desconfianza en instituciones (sean públicas o privadas), desconfianza en las promesas, desconfían en las narrativas del futuro, y se presenta un sentimiento en cada una de las personas: “sálvese como pueda”, y no pensar en los demás y muchas veces en la falta de empatía, debilitando lo comunitario. hipervigilancia y control, aparece necesidad de controlar todo, dificultad para delegar, miedo a depender y se vive en modo de supervivencia.
Pérdida de silencio y reflexión. Estamos viviendo en una realidad con mucho ruido y cada vez es más constante, ciudades con contaminación auditiva, invadidos de múltiples estímulos permanentes, esto evita hacer contacto con uno mismo entorpeciendo la atención, y evitando resolver nuestros vacíos no resueltos.
Pérdida de la esperanza. Existe la no desesperanza total, La pérdida de la confianza puede surgir por diversas razones, como la deshonestidad, la falta de comunicación y las traiciones, y su recuperación requiere tiempo y esfuerzo. Actualmente existe una esperanza frágil y corta, la gente espera algo bueno, pero no se cree que se vaya a cumplir, se maneja cierto grado de pesimismo.
Algo que es muy lamentable la pérdida de sentido de vida, desarrollando depresión silenciosa, que inicia con una marcada apatía, un cansancio físico y mental, un pensamiento de “todo me da igual”, “no espero nada, y así no me decepciono” y no hay que confundir, no es falta de ganas, es falta de propósito emocional.
En 2026, muchas personas no están mal por un hecho exacto, sino por una acumulación de microduelos no elaborados. Cuando el futuro se vuelve incierto, el presente se usa como anestesia. Con estas pérdidas anteriormente explicadas se puede observar inestabilidad prolongada que nos lleva a la ansiedad crónica, con dificultad para relajarse, mente siempre anticipando problemas, y sensación de estar en alerta.
En resumen el 2026 la salud mental está menos marcada por eventos traumáticos, y más por acumulación de desgaste emocional sin elaboración. La gente no esta rota esta agotada emocionalmente. La gente deberá entender a pedir ayuda psicológica para tener una vida más sana.