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Columna

¿Quién es mi prójimo?

EVANGELIZCIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA

    Gramaticalmente la palabra prójimo proviene de una transformación del latín del término próximo, considerado como un adjetivo, el cual designa cercanía o proximidad, ya sea de una manera física o afectiva, también en una manera más extendida puede significar una cercanía, familiar, ideológica o religiosa, con alguien con quien de alguna manera se ha entablado proximidad.

    En la transformación del latín al español, como lengua romance, gramaticalmente, el término se convierte de sustantivo en adjetivo y de acuerdo con la fonética la ortografía cambia de próximo a prójimo, cambiando la letra equis en una jota, aunque la semántica seguirá indicando cercanía.

    En el texto bíblico, el término prójimo es citada varias veces en una aplicación de la ley mosaica, como una forma solidaria de vivir los mandamientos incidiendo en la vida ordinaria, lejos de una separación entre fe y vida.

    El libro del Levítico señala la norma de vivir el amor divino, dejando muy claro que el amor al prójimo debe equipararse al amor a uno mismo, este es un ejercicio de salida hacia los demás, eliminando resentimientos y rencores con el tiempo acumulados, hasta crear todo un ambiente de rivalidad.

    Jesús estableció una manera más radical en cuanto a la práctica del amor al prójimo, exponiéndolo como un solo gran mandamiento sintetizado el amor a Dioscon el amor al próximo, esto lo convertiría en un impactante concepto revolucionario.

    En esta concepción, la Fe, virtud teologal, deberá llevar implícita una relación vivencial con el prójimo, haciéndolo un compromiso equitativo con el amor al mismo Dios, visualizándolo como un todo con las otras dos virtudes teologales; la Esperanza y la Caridad, las cuales serán la expresión completa de presencia divina en la vida del hombre.

    El apóstol san Juan es preciso en su extremo radicalismo, considerando las obras realizadas, en pro o en contra del prójimo, como una puesta en práctica de presencia o ausencia de la fe, ya que ella no se trata de aceptar un concepto de verdad divina, sino en una actitud de compromiso con Dios y de manera semejante con el prójimo, según que: “No puedes amar a Dios a quien no ves, si no amas a tu prójimo a quien sí ves”.

    Al humanizarse el Hijo de Dios, se hace nuestro prójimo, es decir, un ser cercano a nosotros y de esa manera, nosotros podemos acercarnos a Él, desde la misma naturaleza humana de la cual formamos parte y así, a pesar de nuestras diferencias y deficiencias, no podemos evadir la naturaleza humana al relacionarnos con nuestros semejantes y con Dios. Esta es la enseñanza profunda inserta en la parábola del buen samaritano.

    Si bien el término prójimo significa al que está cercano, es decir el próximo, la enseñanza evangélica nos conduce a definir el término como el de quien sale al encuentro del otro, pues en esta parábola del buen samaritano son tres las personas quienes se cruzan con el herido en el camino; un sacerdote, un levita y un samaritano y es este último quien establece un encuentro personal, por ello la respuesta final de Jesús no será, como se define el término prójimo, sino, quien de los tres se portó como prójimo.

    El término prójimo, así entendido, viene a redefinir el significado del concepto cristiano, dando énfasis al encuentro fraterno de la humanidad, haciendo vida el mandamiento contenido en la ley: Amar a Dios sobre todas las cosas y de la misma manera amar al prójimo como a una mismo.

    Gramaticalmente la palabra prójimo proviene de una transformación del latín del término próximo, considerado como un adjetivo, el cual designa cercanía o proximidad, ya sea de una manera física o afectiva, también en una manera más extendida puede significar una cercanía, familiar, ideológica o religiosa, con alguien con quien de alguna manera se ha entablado proximidad.
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