Querido mío,
Te hago inmortal con la palabra,
hasta que comprendas
que cuando tengas que irte
vivirás por siempre en mis poemas.
Por lo pronto
tú sigue como hasta hoy:
toma tu café,
platica con los vecinos,
lee sociales en el periódico,
usa los lentes oscuros
que más te agraden,
haz siesta todos los días
en compañía de “menina”,
baila todos los ritmos,
viaja a donde quieras,
come lo que desees,
riega el jardín
y espera a que la lluvia
llegue sin prisas,
justo en su momento,
a regar la tierra seca
de tu cuerpo.
Y mis ojos que ven o ya no miren
se inunden con esa agua
y hagan en el tiempo
un hielo permanente en el invierno.