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"Sensaciones, un mundo abstracto"

"El artista visual sinaloense Jorge Eduardo Salcido habita Mazatlán desde su pintura y escultura"
16/11/2015 08:55

    En Mazatlán pocos lo conocen, la contundente calidad de su obra habla por él, navega por la abstracción.
    Su propuesta artística lo ha llevado a conquistar mercados de Europa y Estados Unidos y desde hace un año escogió Mazatlán para que fuera su hogar. Desde su estudio se ve un bosque de mangles en la marisma que baña una zona del Fraccionamiento El Cid. 

    Su casa-taller está inundada de luz, ese elemento indispensable para la labor de los que trabajan con formas y colores.
    El exterior es una gran escultura minimalista, sus volúmenes impactan por el equilibrado juego de líneas que crean una estética limpia, sólida, que lanza ecos de armonía. 

    En el interior, ventanales en el techo permiten que la luz bañe la estancia de una altura de 6 metros que permite que su obra vibre frente a la mirada. Sus composiciones fluyen entre los colores y las formas dominadas con un oficio gestado en más de 45 años de trabajo constante, incansable y apasionado. 

    Desde los 9 nueve años su mente está llena de trazos y dibujos, amó en sus primeros trazos el realismo, Rembrant fue su guía y consiguió copiar exhaustivamente sus elaborados grabados, pero su mundo interior y la libertad de los artistas abstractos lo sedujo, hasta que se convirtió en una necesidad convertir en materia sus ejercicios de introspección. 

    Un mundo interior se reveló en colores y formas con las que consiguió comunicarse con un grupo de coleccionistas que siguen su obra y lo mantienen trabajando permanentemente. 

    "En quinto y sexto de primaria me atraía revisar detenidamente los insectos, las plantas y los copiaba, me gustaban los detalles mínimos y el reto era colocarlos en su lugar. Los que los veían se deslumbraban y eso me entusiasmaba, lo podía hacer muy bien, pero tenía problemas con los maestros, porque en las clases dibujaba y no ponía atención", compartió el artista. 

    Él nació en Culiacán en los años 50, después de la preparatoria ingresó, a mediados de los 60, a la recién abierta Escuela de Artes Plásticas de la UAS. Recibió clases de maestros de la talla de Álvaro Blancarte y la escuela era dirigida por Francisco Moya, un profesor que mandaron de la Escuela de San Carlos de la Ciudad de México. 

    "Iba por las tardes porque mi papá no creía que pudiera sobrevivir de las artes plásticas, en esa escuela tuve un compañero de Mazatlán, Héctor Torres Nafarrate, éramos los más aplicados y desde estudiantes vendíamos obras que nos encargaban", confesó 

    "En la escuela nos ponían a hacer ejercicios, copias de grandes maestros, yo me incliné por el neoclasicismo del Siglo 19, también me gustaban los flamencos, Rembrandt, Vermeer, Velázquez me entusiasmaban mucho. A la gente de Culiacán le gustaba lo que hacíamos y recuerdo que a Torres Nafarrate y yo nos encargaban copias al óleo de los grandes maestros, y vendíamos". 

    Al final de la carrera les pidieron a todos los miembros de la generación que entregaran sus mejores obras para participar en un concurso. 

    "Se hizo una selección para armar una exposición colectiva, los más destacados se iban a ganar un año de intercambio con una familia en algunas ciudades hermanas de Culiacán. Yo fui uno de los elegidos y me tocó con una familia de Manhattan Beach, en California, muy cerca del área de Los Ángeles", compartió. 

    "Aproveché y entré en la High School para estudiar materias relacionadas con el arte, que me empezaron a abrir un panorama inquietante del arte contemporáneo. Descubrí a Tamayo, me inquietó mucho su propuesta. En ese tiempo empecé a leer mucho sobre arte contemporáneo y a percibir de diferente manera la pintura académica. Esto se consolidó cuando me fui a Vancouver para seguir estudiando pintura, mi papá no estaba de acuerdo y me apoyó nada más el año que estuve en Manhattan Beach". 


    El arte es su vida 

    Como todos lo jóvenes de su generación que querían estudiar cualquier disciplina artística, se topó con pared con sus padres, que no creían que las artes podían ser una forma de sobrevivir. 

    "En Canadá tuve que trabajar como mesero y ayudante de cocinero de medio tiempo y los fines de semana trabajaba arreglando jardines, tenía 19 años, era muy claro que mi vocación era la pintura. En la Universidad de Vancouver, de acuerdo a mis posibilidades, tomaba algunas materias, sólo las que me permitían mis ingresos, pero experimentaba, aplicaba en mis pinturas todo lo que leía y lo que aprendía en clases", comentó. 

    "Tuve suerte, porque mucho de lo que hacía lo vendía, seguía siendo figurativo, pero me gustaba mucho experimentar con las propuesta de los pintores estadounidenses de la Escuela de Nueva York de los años 50: Pollock, De Kooning, Kline y después Warhol con el pop art, me inquietaba mucho eso, exploraba, leía y descubría algo cada vez que me sumergía en esos trazos, en esas propuestas". 

    Compartió que en ese tiempo su trabajo seguía siendo figurativo, una parte por necesidad de vender y otra porque los cambios profundos en la forma de pintar son un proceso lento. 

    "Vendía retrato y con eso me mantenía, me quedaba claro que no quería ser pintor de encargo: retratista o paisajista, quería tener una propuesta propia, desarrollar un lenguaje propio, que dijera algo de mí, admiraba a esos pintores que habían roto con toda la academia, sabía que se valía experimentar y hacer propuestas", dijo. 

    "Me llamaba la atención la libertad con la que pintaban esos artistas, la utilización del gesto como una forma de expresión que define tu propuesta personal, que habla de lo que eres y lo que fluye en tu interior. La lectura sobre la pintura contemporánea y los viajes abrieron mis perspectivas, le di la vuelta al mundo, visité Asia, Medio Oriente, Europa, visité muchos museos y de cada espacio y de cada propuesta aprendí algo".
    Lo figurativo dejó de ser un reto para el artista. 

    "Empecé a entender por qué Picasso desarrolló el Cubismo y por qué los de la escuela de Nueva York desarrollaron el Expresionismo Abstracto y cuando pintaba dejaba fluir mis intenciones inconscientes, me di cuenta que un creador en cualquier género artístico: literatura, música, tiene esa inquietud de dejar fluir sus intenciones interiores, descubres que hay otro mundo que me podía satisfacer enormemente a través de mi trabajo", mencionó. 

    "Surgieron muchas inquietudes, sobre todo en el sentido de expresar un interior que descubría y exploraba y que me interesaba que quedara reflejado en mis obras".


    Una técnica personal
    "Un artista zacatecano amigo mío había ido a tomar un taller de grabado a Japón y me habló del profundo sentido del arte japonés, fue en el momento de esa búsqueda personal que estaba experimentando. Llegué a Japón, ingresé al taller de grabado en el que había estado mi amigo, me quedé tres meses y todo lo que produje lo vendí en ese país", recordó.
    "Ahí también desarrollé el interés para fabricar mi propio papel y empecé a desarrollar una técnica propia en la que es muy importante la utilización de la técnica para hacer papel a mano, empecé a trabajar con fibras de árbol de amate, pero lo utilizaba de una manera muy particular para crear textura e integrarlo a la propuesta de la obra".
    En esa época influyó en él la obra de Tamayo.
    "Después, en un viaje a Egipto, me contrataron para que enseñara mi técnica a un grupo de alumnos y artistas de ese país, pero con la elaboración de papel fabricado con fibras de papiro. Con todas esas experiencias descubrí el enorme placer de crear una obra original desde todos los puntos de vista, a partir de un gesto, de una mancha, de una pincelada, que iba dictando el siguiente paso, que definía poco a poco la composición y emocionarme en cada paso, y ver cómo se iba solucionando la obra".
    Así descubrió cómo era él parte de ese proceso, hasta terminar la obra, cuando sentía que había un equilibrio de color y forma.
    "Esa experiencia no se cambia por nada, porque va surgiendo espontáneamente. Es un proceso honesto, sincero, con el que se identifica la gente que ve la obra. El exterior te da motivos para entrar en una introspección que va tomando formas y colores".



    "El exterior te da motivos para entrar en una introspección que va tomando formas y colores".
    Jorge Eduardo Salcido, pintor


    EXPOSICIONES 
    * El pintor Jorge Eduardo Salcido va a montar una exposición privada en su taller el 5 de marzo.
    *Tiene programada una exposición en el Museo de Arte de Mazatlán para el mes de junio.